Opinión

Amnistía y fachosfera

Etimología política española. Redefinición del régimen Frankenstein y reinvención del sanchismo en campaña electoral
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras fracasar en la votación de la ley de amnistía. EUROPA PRESS
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras fracasar en la votación de la ley de amnistía. EUROPA PRESS
La fachosfera adquirió esta semana un nuevo significado. Según la Real Academia Española del sanchismo, fachosfera resultó ser el vergonzoso espectáculo que vimos en el Congreso cuando, con la sumisión implícita del propio Gobierno, un delincuente prófugo secuestró la soberanía nacional de las mayorías humillando al Estado español con una gran patada en el trasero de Sánchez. La fachosfera es, en realidad, el régimen promovido por el propio inventor del palabro; lo que vulgarmente se conoce como Frankenstein, Sánchestein o Sanchezmont.

Un régimen capaz de someter a todos sus poderes democráticos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) mediante la negociación totalitaria de la impunidad y la desigualdad entre ciudadanos y territorios por parte de un personaje al que Sánchez ha dado cuerda de concesiones Duracell para mantenerse en el poder habiendo perdido las elecciones. Eso es la fachosfera para vergüenza de la democracia española, convertida por la ambición y la falta de escrúpulos en una caricatura donde la separación de poderes, el Estado de Derecho y la Constitución son constantemente ninguneados por aquellos que insultan a los jueces, colonizan las instituciones y mienten a destajo sin cargo de conciencia ni penalización severa en las urnas.

Resulta una grosería democrática comprobar que la mayoría progresista invocada por Sánchez para justificar su cooperación con el chantaje independentista ha pasado a ser una minoría en la fachosfera de la hipotética república federal. El prófugo ya no es progre porque ha frenado en seco la Ley de amnistía. Puigdemont ha pasado automáticamente a ser un peligroso radical incontrolable ubicado en la extrema derecha figurada por los relatores de la fachosfera.

En tanto Sánchez se piensa la inmunidad de todos los delitos de terrorismo y alta traición, "todos serán indultados-dice- porque no son terroristas", Puigdemont forma parte de la lista negra de traidores al amado líder junto con Feijóo, Abascal y demás detractores del pensamiento único. Haber cedido al delincuente de Waterloo en vísperas de las autonómicas gallegas habría sido un suicidio electoral que Sánchez no se puede permitir. Ahora tiene casi un mes para renegociar con el prófugo, pero sigue atrapado en el horizonte electoral hasta las europeas de junio.

La cara de Sánchez tras su derrota parlamentaria era un poema trágico del Mío Cid en el cantar del campeador socialista. Conociendo su trayectoria de heroica resiliencia, Sánchez no perdonará y se guardará una espada en la manga para vengar su humillación pública. Lo más alarmante de todo es que pese a ese correctivo, el sanchismo persiste en su exhibición de arrogancias culpando al PP de estar fuera de la Constitución por no plegarse a su renovación partidista de CGPJ, por denunciar la eliminación del delito de sedición y la rebaja de la prevaricación corrupta que la UE sancionará o por el apaño del terrorismo de los derechos humanos para colar la amnistía, lo que no fue suficiente.

Las triquiñuelas políticas se rinden a la evidencia de la realidad viendo cómo los letrados del Congreso dimiten en cadena porque no ceden ante el siervo Galindo o comprobando cómo el Fiscal del Estado nombrado a dedo evita el informe sobre la amnistía solicitado por el Senado.

Razones de más para comprender que la fachosfera no es lo que pretende hacer creer el sanchismo a los españoles con todo su aparato mediático, sino que constituye el régimen inspirado en minorías rupturistas y herederas de Eta que, junto al socialcomunismo, recurre a prácticas de autocracia con las que impedir la sana alternancia democrática mediante un muro sanitario de escaso talante. Todos ellos saben que es la única fórmula para lograr sus objetivos: Sánchez para seguir en la Moncloa, ERC y Junts para salir impunes con el borrado de sus delitos y Bildu para aplicar el precedente de la vía catalana a los presos de Eta.

En cualquier otra democracia, lo ocurrido estos meses hasta llegar al pleno del Congreso del pasado martes, supondría la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones generales para que el pueblo decida con todas las cartas sobre la mesa. Pero en España hemos llegado a tal grado de degradación democrática que el sanchismo tratará de convencer tras el 18 de febrero a Puigdemont haciéndole ver que el separatismo logrará más tajada con el PSOE que con el PP, y de paso pactar los Presupuestos. Sin duda, una triste práctica maquiavélica de la política sin altura de miras en la que el fin justifica los medios, aunque sea a costa de lo que muchos consideran abuso de poder.

No empezó bien el mandato de Sánchez con una moción oportunista al rebufo de una sentencia enmendada después. No continuó de forma razonable usando la pandemia para encerrar inconstitucionalmente a los ciudadanos sometiéndolos al bombardeo del miedo y del Aló Presidente.

Prosiguió, engaño tras engaño, con indultos y otras contrapartidas para comprar los votos de la investidura. Y ahora toca aparentar que el demócrata Sánchez se ha plantado ante el totalitarismo separatista de cara a sucesivas elecciones. Pura definición de fachosfera.

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