Opinión

La anestesista García

El repunte de gripe y covid ha permitido a la anestesista García proceder a su primera faena de calado como ministra de sanidad. Mónica García propuso el pasado lunes a las autonomías volver al uso obligatorio de la mascarilla en centros de salud y hospitales. Pero además de llegar tarde dado que algunas comunidades ya habían movido ficha, el Consejo Interterritorial no se puso de acuerdo sobre los términos de la recomendación, que hoy miércoles 10 se transforma en imposición gubernamental, otra más, cuando la competencia es de las Comunidades Autónomas. Los españoles somos un pueblo con sentido común, o al menos lo fuimos hasta hace bien poco. El ciudadano ha detectado e identificado el peligro del rebrote invernal, y enseguida las mascarillas volvieron a formar parte del paisaje navideño en centros sanitarios y zonas o recintos de muchas aglomeraciones como grandes almacenes, transportes públicos y la propia calle. Después de lo que hemos pasado durante la pandemia, la mascarilla es una medida preventiva que forma parte de las buenas maneras de convivencia, de la autogestión personal de la salud y de la solidaridad con los demás. O sea, que por mucha imposición gubernamental que se haga, la sociedad sabe muy bien lo que hay que hacer y actúa con responsabilidad de convivencia y no por partidismo político.

Entre las medidas propuestas por la anestesista García, figuraron también las llamadas ‘autobajas responsables de 3 días’ con la voluntad de evitar colapsos sanitarios. Pero aquí, como en lo de pasar de curso con suspensos, se antoja más bien una ‘maría’ con mayor vocación de cortina de humo que sanitaria, con el fin de agradar en la negligencia del retraso sin reparar que muchos pacientes pueden necesitar tratamiento médico en vez de quedarse en casa con catarro y sin diagnóstico. Tanto las mascarillas como las ‘autobajas’ se han aplicado a comienzos de diciembre en otros países y no después de las fiestas.

La anestesista García, a la que los madrileños conocen bien por sus peleas con Ayuso y por el bono social energético que cobró junto a su marido mientras señalaba a miembros del gobierno madrileño, tiene formación para ser ministra de sanidad porque es médico. Pero a veces no basta únicamente con eso, porque un ministerio sin apenas competencias requiere capacidad de negociación y experiencia de gestión que vayan más allá de medidas populares con las que distraer de lo importante, contentar al personal y cubrirse las espaldas ante un brote que le puede pasar factura por la pasividad demostrada en Navidad. En la Asamblea de Madrid consideraban a la anestesista ‘pistolas’ García ‘muy agresiva con Ayuso’, lo que la llevó a restar escaños al PSOE, dar mayoría absoluta al PP y ser ministra como cuota de Sumar. Sea como fuere, seamos comprensivos con la anestesista García, pero al mismo tiempo exijamos rigor ministerial más allá de medidas sanitarias que por el alcance y momento elegido pudieran parecer más bien medidas de agrado y oportunismo, por ejemplo, las ‘autobajas’, no sustentadas en el rigor médico debido.

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