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Casado y el hecho diferencial

Juicio del nuevo año tras el balance de 2020 de Gobierno y oposición. La realidad nunca puede ser distinta a la verdad
Pablo Casado. EUROPA PRESS
Pablo Casado. EUROPA PRESS

A diferencia de Pedro Sánchez, el líder de la oposición, Pablo Casado, pisó la tierra de la realidad al hacer balance del año 2020. Sin más comité de expertos para la ocasión que la verdad del legítimo control al Gobierno, Casado configuró un discurso más riguroso y sólido que Sánchez porque la coalición de la propaganda, la mentira y la dudosa gestión se lo ha puesto más fácil que Fernando Simón a José Mota. El año 2020 ya ha pasado a la Historia de España como la peor de las pesadillas por el impacto social y económico de la tragedia humana y sanitaria del coronavirus. Sin embargo, la generalidad global de los daños ocasionados por la pandemia ha obtenido en nuestro país un efecto multiplicador a peor si enjuiciamos de forma desapasionada y objetiva la gestión que este Ejecutivo del marketing ha hecho del covid-19. 

Para empezar, esa coartada del comité de parte en el que Sánchez basó su balance de autobombo y cumplimiento programático choca con todos los informes internacionales que sitúan a España a la cola mundial de la gestión económica y sanitaria. Lo que Sánchez y su comité de sabios afines y despistados avalaron se parece poco al balance covid que hacen la Universidad Johns Hopkins, la OCDE o el Fondo Monetario Internacional, todos ellos más en la línea realista expuesta por Pablo Casado que en el mundo ideal y feliz publicitado por la factoría de la Moncloa. Tener los santos bemoles de trolear al país un exacto porcentaje del 23,4 por ciento de cumplimiento de compromisos de Gobierno cuando no sabes sumar los 70.000 muertos reales por covid desacredita en conjunto ese sospechoso informe de transparencia simulada en semejante portalito de Belén. Y darle a ese panfleto de partidismo ideológico la apariencia académica de la solvencia sólo puede ser una maquinación malvada más del ministerio de la verdad única cuando desde el minuto 1 Sánchez ha incumplido su palabra electoral al pactar con el republicanismo antimonárquico y bolivariano podemita y el separatismo condenado. 

La coherencia es uno de los principios de la política que Casado trata de atrapar para ganar templanza de líder y credibilidad como alternativa de garantías para España. En cambio Sánchez parece colgado permanentemente del alambre sobre ese precipicio escénico que causa verdadero estado de alarma por las cesiones y entreguismo a socios peligrosos que persiguen la ruptura de España y el cambio del modelo de Estado mientras fomentan el incumplimiento de la Constitución. Pablo Casado practica la lógica del firme rechazo al indulto del golpismo sedicioso encarcelado y defiende la institución de la Corona como garante constitucional de la democracia española. Sánchez e Iglesias promueven todo lo contrario con sus actos y ejecución de Gobierno equiparando el constitucionalismo democrático con el blanqueamiento rupturista y antimonárquico de sus socios, incluidos los herederos políticos de Eta. Casado lidia con el liderazgo de un partido acorralado por el doble rasero político a la hora de enjuiciar la corrupción, mientras que a PSOE y Podemos se les perdonan mayores infracciones en el tribunal mediático monitorizado. 

Casado distingue, como la mayoría de los españoles, entre las andanzas erráticas del emérito y la monarquía como jefatura de un Estado sometido al principio de igualdad ante la Ley, mientras que Sánchez e Iglesias piden transparencia y regeneración a los demás sin aplicarse el cuento con la mayor sentencia por corrupción de la democracia en el EREgate o el caso Dina, las condenas a miembros relevantes como Echenique y la imputación por la financiación irregular de Podemos. 

Casado ha ido perfilando y corrigiendo errores en nombramientos y posicionamiento ideológico para dar credibilidad a la alternancia del bipartidismo desde el centro diferenciador respecto a Vox, mientras que Sánchez ha radicalizado el socialismo tradicional para convertirlo en sanchismo podemizado cómplice del separatismo ilegal reincidente. Casado nunca avalará una ley de la Corona que implique la modificación de la Carta Magna y no suponga el reforzamiento de la monarquía, mientras que Sánchez juega a esa ambigüedad calculada de la supuesta renovación institucional que da cobertura al sostenido ataque a Felipe VI para forzar ese debate ficticio entre monarquía o república que no está entre las necesidades prioritarias de la calle ni el sentir del pueblo español. 

Todos estos hechos diferenciales entre los liderazgos de Pablo Casado y Pedro Sánchez cuentan con el elemento distorsionador de Iglesias y demás extremismos societarios de gobernanza estatal, autonómica y municipal. Y aunque a ese mismo argumento se le pueda dar la vuelta en las comunidades gobernadas por PP y Ciudadanos, la diferencia radica en que Vox no ostenta, por ahora, cargos oficiales ejecutivos como es el caso de Podemos. Tras el efecto del candidato Illa maravilla, incluso en Cataluña se puede reeditar el pacto de socialistas con ERC como ya ocurriera con aquel tripartito germen del actual disparate. El presente PSOE sanchista no es aquel PSOE tradicional que junto a la derecha democrática y el comunismo cabal hicieron posible la Transición modélica española que ahora se pretende dinamitar.

Los trucos de Aló Navidad

Las terminales mediáticas y políticas de la verdad oficial han puesto en circulación un argumentario de poca monta que consiste en desacreditar que "Casado hiciera balance de 2020 a la misma hora que el presidente Sánchez". Y una vez más se practica con ello el bulo malicioso de la mentira porque el PP anunció antes que la Moncloa el horario de la comparecencia de Casado para las 13.00 horas del martes 29 de diciembre. Posteriormente, Redondo fijó en las 13.30 horas el Aló Navidad de Sánchez. Para evitar que se solaparan, y por razones de cobertura y difusión mediática, Casado adelantó su comparecencia media hora. Y eso llevó a Moncloa a que Sánchez saliera 15 minutos antes de lo previsto por pura estrategia política sabedor de que todas las televisiones y medios audiovisuales dejarían la intervención de Casado para conectar con Moncloa. Los trucos rizaron el rizo hasta el punto de que Sánchez leyera en cámara respuestas escritas a preguntas no conocidas de antemano como la relativa a la Ley de la Corona, lo que prueba que todo se prepara hasta el milímetro.


La palabrilla dada

La extraña designación impositiva de Salvador Illa como candidato socialista en las elecciones catalanas forma parte del enfermizo culto a incumplir la palabra dada del sanchismo. Justo en la víspera, el ministro Illa maravilla había negado esa posibilidad argumentando que el mejor candidato posible era Miquel Iceta. Ese escaso apego a la verdad del actual socialismo viene ya de largo cuando el propio Sánchez dijo en campaña electoral que jamás pactaría con Iglesias, ERC y demás socios actuales. Da cierto vértigo pensar que en esas manos ha estado y está la gestión de la mayor crisis sanitaria y económica de España en décadas. Pero ahora se comprenden medidas que favorecían intereses económicos catalanes como aquel 155 sanitario contra Madrid sin justificación sanitaria. Hasta el punto de que esa gestión alcanza ahora el reparto de vacunas y fondos europeos basado más en criterios políticos que en la equidad científica y económica. Sin duda, la palabrILLA dada y la verdad debieran ser los patrimonios más preciados de la política. Pero a día de hoy, todo vale si se carece de un mínimo de escrúpulos.

Casado y el hecho diferencial
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