Opinión

A la caza del espanhol

UN BMW con matrícula portuguesa se coloca detrás de un coche español de gran cilindrada. El vehículo luso no adelanta y le imprime presión durante largos kilómetros al conductor del turismo español. Ambos coches cubren el trayecto que va de Oporto a España por la A3 rumbo a Pontevedra. Pagamos combustible, peajes y multas porque el afán recaudatorio es obsesivo a ambos lados de la frontera y un abuso cuando se convierte en la caza del espanhol. La picaresca fue antaño un recurso del ciudadano para defenderse de la presión fiscal y otros desmanes administrativos. Pero ahora la picaresca la ejercen los cuerpos oficiales para lograr sus objetivos de atraco recaudatorio. Los radares tramposos colocados a traición se llevan más en España que en Portugal, pero el agente farsante y fullero está mucho más de moda en Portugal. El BMW se pega al coche español, un Mercedes, para provocarle nerviosismo y empujarle hacia una mayor velocidad. El espanhol pica si bien la responsabilidad y la infracción es suya, pero el desafío chulesco del conductor portugués es objetivable como ejemplo de que el fin justifica los medios. El Mercedes espanhol adelanta y el BMW le sigue pisando los talones para volver a colocarse pegado al capó trasero como una lapa de rapiña. Juega con él durante al menos 30 kilómetros hasta que el BMW enseña sus verdaderas intenciones. Es un coche policial camuflado que ha engañado al espanhol para multarlo. Sirena, luces y orden de parar en una gasolinera. El vehículo policial reposta mientras uno de los agentes portugueses le explica al conductor español que le ha grabado una infracción por exceso de velocidad y que son 120 euros. La falta es leve, no supone retirada de puntos y puede pagarse con tarjeta en el acto. Los polis portugueses explican que de lo contrario se quedan con el carnet del conductor español y no podrá circular. El espanhol tira de visa y pasa por caja, no sin antes escuchar que podían haber sido 600 euros de haber ido a mayor velocidad. Los timadores lusos, conocidos en la jerga de los camioneros como tahúres en la A3 lusa, se despiden enseñando un buen lote de multas a conductores espanholos. No sólo han actuado con alevosía marrullera, sino que presumen de que todos los multados son de España, lo cual ensucia la buena imagen turística de Portugal. Pero la cosa no acaba ahí -cuenta la víctimaporque en la autopista de peaje los portugueses no señalizan la recogida de ticket para pagar al final de la autovía. La empleada gala explica al conductor espanhol multado con 120 euros que si portara el ticket serían 9 euros, pero que como no lo lleva porque no estaba bien señalizado debe pagar 37 euros. El conductor español paga como un bendito pringado y cuando entra en España sigue pagando el gasóleo más caro que el portugués y tramos de autopista de peaje a tantos euros por kilómetro. Cuando el conductor español llega a su destino, resignado y con cara de tonto, todavía tiene que soportar los noticiarios con el decreto energético y otros abusos en la mente de todos. Conclusión: Portugal prometía mejoría vacacional respecto a España, pero finalmente va a ser que tampoco. ¿O será negacionismo?

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