Opinión

Cien días de pesadilla

Balance de realismo en la España sanchista. De Puigdemont, Ábalos y Koldo, guardaespaldas de 100 años de honradez 
Ábalos y Koldo García. MANUEL BRUQUE
photo_camera Ábalos y Koldo García. MANUEL BRUQUE

Pedro Sánchez ha cumplido esta semana sus 100 primeros días al frente del nuevo y precario Gobierno Frankenstein. Es tiempo suficiente para hacer un balance objetivo de la gobernanza de España, repleta de sobresaltos y cesiones contrarias a la ética y el interés general. Pero este periodo de 100 días de cortesía se da de bruces con el lema socialista de "cien años de honradez" y tropieza con la realidad de un país sometido a todo tipo de chantajes, mentiras, engaños e incertidumbres poco aconsejables para una democracia verdadera. Son 100 días que marcan un evidente deterioro de la gestión, la transparencia y la convivencia abocando al Gobierno a una pérdida de confianza y popularidad que presagia malos tiempos para la lírica y para el sanchismo.

En estos 100 días hemos asistido a la presión intolerable de los socios rupturistas consentida por Sánchez hasta el punto de intentar colar a nuestra Monarquía parlamentaria y sistema constitucional una ley de amnistía a juicio de los expertos inconstitucional. Amnistía fabulada con invenciones de pacificación en Cataluña y coartadas fake tales como la persecución de los jueces a delincuentes encarcelados por el Tribunal Supremo y después indultados.

En estos 100 días no solo se ha humillado al Estado español y a la judicatura, atacada directamente por el Gobierno y por sus socios como si estuviéramos en una república lawfare sin separación de poderes ni Estado de Derecho, sino que también se ha enmendado al Rey, quien en su discurso del año 2017 llamó a defender el orden constitucional tras la intentona golpista.

En estos 100 días hemos comprobado la falta de respeto a la palabra dada y el desprecio con el que ha sido tratada la mitad de la población, favoreciendo intereses personales, territoriales y de casta política que fomentan la desigualdad entre españoles. En estos 100 días, la gobernabilidad de España se ha negociado fuera de nuestro país con un prófugo que el Supremo investigará por terrorismo y bajo cooperación de un mediador de guerrillas validado por las partes como testigo de una extorsión política permanente. En estos 100 días, el sanchismo apostó su futuro a las elecciones gallegas, haciendo de ellas un plebiscito al liderazgo de Rueda y Feijóo que terminó con el hundimiento socialista. Y en estos 100 días, por si Sánchez no tuviera suficiente, le estalla un escándalo de corrupción de proporciones colosales que afecta a varios ministerios y a dos autonomías gobernadas por el PSOE durante la pandemia.

España no es un país corrupto, pero algunos de sus políticos sí lo son. Ningún partido está libre de contar entre sus filas con garbanzos negros que manchan la honorabilidad de la mayoría. El problema es cuando la corrupción se mide con la doble moral del sectarismo partidista, cuando se rebaja el delito de una forma de corrupción llamada malversación en el Código Penal para favorecer a los secesionistas que te mantienen en el poder. El problema es cuando llegas a la Moncloa ondeando la bandera de la transparencia y la lucha contra la corrupción mientras gobiernas con el partido del 3 por ciento y con los herederos políticos de Eta que llevan terroristas en sus listas electorales. Hay que recordar aquí que el único partido político español condenado por financiación ilegal es el PSOE por el caso Filesa. Y si bien el PP tiene mucho que callar por la Gürtel y otras ramificaciones de corruptelas, nada es comparable en vergüenza y cantidad económica a robar el dinero de los huérfanos de la Guardia Civil con el caso Roldán, los fondos de los parados con el fraude de los Ere y ahora malversando presuntamente millones de euros mediante comisiones en la compra de mascarillas durante el covid, cuyas cifras reales de muertos aún no han sido aclaradas oficialmente por el Sánchestein.

El amigo Koldo García, asesor de Ábalos y custodio de los avales de Sánchez para recuperar la secretaria general del PSOE, es la prueba de que de aquellos barros vienen estos lodos. Koldo es la viva estampa del matón bombero del poder, siempre bajo la sospecha de una imagen clientelar y tragicómica de puticlub que no ennoblece nada el oficio de la política. Cuando Ábalos fue arrojado a los leones por el sanchismo inmaculado del que era mano derecha, quedaron sin explicar las verdaderas razones de su cese como ministro de fomento, secretario de organización del PSOE y paseante de miss Delcy y sus maletas en la confusión de la noche aeroportuaria. Pero ahora se van comprendiendo mejor las andanzas de Koldo y Ábalos, compañeros de viaje de Sánchez y Cerdán, dando lugar al cuarteto del Peugeot que amenaza la propia continuidad del sanchismo fundacional tanto como la amnistía del prófugo. La impunidad que brota como valor añadido de un cambio político se ha agotado definitivamente para el sanchismo con el abuso de la amnistía y el caso Ábalos, que muchos consideran la Gürtel del PSOE. Los 100 primeros días del nuevo Gobierno han sido una verdadera pesadilla para Sánchez, que ha celebrado esta semana su 51 cumpleaños con el regalo envenenado de Ábalos, Koldo y Puigdemont. Cien días de pesadilla; se verá si de honradez.

Soluciones de Gestión S.L

La actual presidenta del Congreso, Francina Armengol, que está "indignadísima", contrató con la empresa investigada Soluciones de Gestión y Ayuda a Empresas S.L. la compra de mascarillas por valor de 3,7 millones de euros siendo presidenta de Baleares. Lo hizo con un contrato a dedo y 2,6 millones de sobrecoste, comprando mascarillas "ultrafake" no homologadas que se guardaron en un almacén durante más de 3 años sin la reclamación pertinente. Vamos, un timo de la estampita. Armengol solo se planteó reclamar después de la intervención de la Fiscalía, tras alterar el contrato para pagar las mascarillas con fondos europeos cuando ya se sabía que eran defectuosas. Según El Mundo, Koldo medió para evitar que les pidieran devolver el dinero. El equipo de Armengol endosó al nuevo gobierno autonómico del PP el marrón, que se ha visto obligado a renunciar a los 3,7 millones de fondos europeos por ser fraudulento para reclamárselos vía judicial a la empresa del caso Koldo-Ábalos. Todo un ejemplo de malas prácticas que no dejan en buen lugar a la tercera autoridad del Estado, Francina Armengol.

Las mascarillas de Salvador Illa

La Audiencia Nacional ha solicitado al Gobierno documentos relacionados con el acuerdo marco de 2.500 millones de euros impulsado en 2020 por el entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, para adquirir material sanitario en plena pandemia covid. Illa dio prioridad al proveedor de Ábalos, la empresa Soluciones de Gestión, pese a vender las mascarillas seis veces más caras. La investigación afecta a los ministerios de Transportes, Interior y Sanidad, así como a los gobiernos socialistas de Baleares y Canarias en aquel momento. Según se ha publicado, Illa adjudicó un contrato de 40,5 millones a la empresa mencionada. También se investigan contratos sospechosos de Sanidad a empresas con dirección desconocida, sin trabajadores ni especialización sanitaria y con sobreprecios. Se comprende cierto desbarajuste por el caos, la urgencia y la alarma causados por el covid, pero ya en 2022 el Tribunal de Cuentas detectó incidencias en los contratos por valor de 550 millones de euros y señala a Ábalos como el cargo que aprobó el primer contrato de la trama, cuyas comisiones se estiman en 17 millones.

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