Opinión

La Constitución del 6-D: El acompañante

EL RETORCIMIENTO al que se somete el lenguaje para justificar lo injustificable con el mantra de la pacificación de un país ya pacificado formalmente con la Constitución del 78 que hoy celebramos, roza el esperpento y preocupa por el grado de extorsión al que es sometida la verdad. La amnistía ya no es inconstitucional, sino una necesidad colectiva del pueblo español como el aire que respira. La malversación ya no es corrupción, sino una rebaja piadosa con la que exculpar a los socios del 3 por ciento. La sedición ya no existe, porque se ha eliminado directamente del Código Penal. Y el verificador ya no es ni mediador ni nada que se le parezca, sino un acompañante para que los novios respeten el decoro y su encuentro clandestino en Ginebra para negociar España con un beso a tornillo. El acompañante es la nueva palabra recogida en el diccionario de la Real Academia Española de la mentira, según acuñó el ministro Bolaños. Es un tercero, tal y como definió el presidente del Gobierno, la carabina de la ronda amorosa del triángulo, la escopeta con la que vigilar que PSOE, Junts y ERC y se comporten como es debido por esas tierras suizas de Dios.

Y además, un acompañante para cada socio, no sea que se celen. El acompañante es el curilla que vigilará la pureza del trato oculto, el confesor de Puigdemont, Junqueras y Santos Cerdán, ese botafumeiro de incienso con el que purificar la traición a la separación de poderes y el Estado de derecho.

Aquí no hay un mediador entre dos naciones de naciones; hay un acompañante extranjero especializado en guerrillas para que el PSOE y Junts lo apañen en la intimidad, una especie de asistente de la ignominia, el escolta del oscurantismo, el lazarillo con el que impedir a los españoles una visión nítida de lo que está pasando. El acompañante no es un escort o chico de compañía aunque cobrará por certificar que todo está en orden para borrar los delitos del prófugo y demás delincuentes golpistas. El acompañante Galindo es un amigo, un servidor, un siervo que diría López Vázquez, la música de fondo con la que distraer del significado de la letra inconstitucional de la amnistía. El acompañante es el compañero de la deslealtad a España, el pasante de la farsa, el ginecólogo con el que le están dando por saco al 60/70 por ciento de los españoles que rechazan la amnistía y no fueron informados en la campaña electoral de semejante cornamenta. Aquí no sólo no hay amnistía, ni sedición, ni malversación, ni intento de golpe de Estado, ni delitos, ni desigualdad entre españoles, ni verificador ni mediador ni nada de nada. Lo que hay es un estupendo acompañante sin pinganillo, un maestro de ceremonias de la perífrasis, un posibilista político de la declaración unilateral de independencia. Ahora que el diccionario de la Rae ha incluido palabros de uso y costumbres como marichulo, perreo o chundachunda, debemos ir pensando en incluir en la próxima ampliación una nueva acepción de acompañante: "Dícese de verificador, mediador o tercero con el que mantener a Sánchez en el poder a costa de pactos irrespetuosos con la Constitución".

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