Opinión

Dolor de viuda

Y todo ello culminó con la explosión de la viuda de David en pleno funeral, que echó al ministro del acto dejando al aire todas las vergüenzas de su comportamiento
Seguramente tardaremos décadas en tener un ministro tan reprobado como Grande Marlaska. Su expediente de gestión como ministro del Interior está lleno de borrones y empaña su aceptable desarrollo profesional como juez. Pero en lo que se refiere a su carrera política resulta difícil de entender tanto desatino y tanta soberbia, y sobre todo tanta inquina a la oposición, que le propuso en su momento como vocal del Consejo General del Poder Judicial, aunque ahora sea el paladín sanchista de la seguridad del Estado. Ya no sólo hablamos de sus probadas mentiras en el asalto a la valla de Melilla en la que se registraron 23 muertes de inmigrantes. Ahora se trata de su evidente empeño en dar carpetazo al atentado de Barbate con el resultado de dos guardias civiles asesinados y otro en coma, lo que le deja en una posición de indigencia humana de poca categoría moral.

La viuda de David Pérez, uno de los agentes asesinados, impidió al ministro colocar sobre el féretro la medalla de oro a título póstumo. Pero lo peor es que Marlaska, según la familia del fallecido, intentó hasta en cuatro ocasiones proceder a la condecoración mientras la viuda le explicaba que su marido no lo hubiera querido así.

Por tanto, cuando la disputa política trasciende al aspecto humano de la tragedia sin que el responsable de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado se dé por aludido haciendo caso omiso a los deseos familiares, algo muy cruel acecha la conciencia del poder y duele en lo más profundo del alma de la sociedad española. Este episodio ocurrió en Pamplona, pero en el funeral de Cádiz de su compañero Miguel Ángel González los presentes gritaron "Marlaska dimisión" en un gesto espontáneo de impotencia mientras el ministro trataba de colocar la medalla pese al rechazo familiar.

Sobre el historial del ministro del Interior pesa haber suprimido la unidad de élite de la Guardia Civil que lucha contra el narcotráfico en el Estrecho, además de la falta de medios que denuncian los sindicatos y compañeros de los agentes asesinados. Esa responsabilidad es de quien tomó la decisión en 2022, desoyendo las advertencias de la Benemérita, que era contraria a la disolución pese a que el propio Marlaska había creado la unidad en 2018. Los narcos, que en realidad son narcoterroristas, festejaron la supresión de OCON SUR (Órgano de Coordinación contra el narcotráfico) y la retirada de sus 150 efectivos, porque eso les permitía campar a sus anchas desde Marruecos. Siempre Marruecos.

El clan de El Cabra acabó con la vida de los agentes, lo que ha permitido aflorar las miserias y debilidades de un Ministerio del Interior gestionado con finalidad política en vez de con visión de Estado. Y todo ello culminó con la explosión de la viuda de David en pleno funeral, que echó al ministro del acto dejando al aire todas las vergüenzas de su comportamiento. Rechazo humano, conciencia social y dolor de viuda. ¿Qué mayor reprobación que esa para un servidor público que no tiene claros sus límites éticos?

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