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La retuerka

Iglesias TV. El intrusismo se apunta a la libertad del periodismo crítico tras la invención del fascismo
De izquierda a derecha, Teodoro García Egea, José Luis Martínez Almeida, Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado y su mujer, Isabel Torres. EFE
De izquierda a derecha, Teodoro García Egea, José Luis Martínez Almeida, Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado y su mujer, Isabel Torres. EFE

Ayuso y Casado le han dado una vuelta de retuerka al socialcomunismo multiusos. Si la victoria de Madrid está clara, tampoco ofrece dudas la derrota sin paliativos de Sánchez e Iglesias, responsables directos del abrazo traicionero que el sanchismo populista le quiso dar a Madrid. Estas elecciones no las ha perdido el PSOE por culpa de José Manuel Franco y Ángel Gabilondo, que es un señor serio y de altura al que le han hecho la trampa del solitario y la salud con una campaña infame desde La Moncloa.

Han perdido Pedro, Pablo y sus mariachis de impostura liderados por Redondo y Ábalos. Y sólo desde la ceguera política se pueden ajustar cuentas y distraer culpas con primarias en Andalucía y expediente de expulsión a Leguina y Redondo por hacerse una foto con Ayuso en campaña. La candidata popular se merendó de una sentada al binomio SanchIglesias, al gurú monclovita y al Torrente de Ferraz, como ha sido bautizado en la radio madrugadora el número 3 del PSOE que paseó a Miss Delcy y sus maletas. Isabel Díaz Ayuso ha conquistado la calle con su sencillez y capacidad de conectar, consolidando un liderazgo con discurso propio capaz de aglutinar el voto de centro derecha y de coger prestado voto de izquierda tanto de clase media como baja.

En Madrid ha ganado el liberalismo de centro derecha que la izquierda quiso convertir primero en fascismo, después en trumpismo neoliberal populista, y finalmente en apología del nazismo libertario, según el calvinismo socialista vigente. El liberalismo popular de inspiración conservadora que defiende Ayuso basa su discurso en la libertad, principal eslogan de campaña del PP con el que se aprieta la retuerka de la batalla ideológica y cultural con la que reconquistar La Moncloa.

Pablo Casado es consciente de que ahora toca adaptar la fórmula Ayuso que tan bien ha funcionado en Madrid a su estrategia nacional, tarea nada fácil teniendo en cuenta el mal perder del PSOE y de Podemos. Los derrotados de Madrid no dudarán en blindar su destino coaligado a costa de los fondos europeos, la vacunación y una indiscriminada subida de impuestos tanto para ricos como pobres.

La tocata y fuga de Iglesias que busca la resurrección de su programa de televisión La Tuerka al cobijo del magnate mediático del separatismo republicano catalán tiene mucho de inmadurez y de caprichoso enfado tras su fracaso revolucionario. Iglesias se quiere reinventar desde sus orígenes televisivos, ya que le ha parecido poco monitorizar, señalar a periodistas y atacar a medios y a la libertad de prensa y expresión desde la vicepresidencia del Gobierno. Dicen que pretende un nuevo engaño con el que disfrazar de adoctrinamiento un supuesto periodismo crítico, que es lo que precisamente se ha querido amordazar desde La Moncloa bajo pretexto sanitario. Es decir, el zorro cuidando las gallinas de las libertades. Una suerte de predicador mediático que se trata de blanquear con el barniz del intrusismo periodístico tras intentar someter desde el Ejecutivo la separación de poderes.

Esta burla ética y moral es tan poco democrática como la obsesión por el control del Poder Judicial y del cuarto poder que representa la prensa. Es de una enorme irresponsabilidad por la demostrada falta de transparencia gubernamental sólo equiparable al uso partidista del estado de alarma rematado con una nueva fechoría por decreto a lo Poncio Pilatos con la que lavarse las manos.

Madrid ha votado contra el 155 de Illa maravilla y el día de las banderitas con la falsa mano en el corazón. Madrid ha votado contra quienes evitan mediante malas prácticas políticas el legítimo control del Parlamento. Madrid ha votado contra quienes gobiernan en minoría por decreto con socios poco recomendables para la decencia y unidad de España como Bildu, la extrema izquierda de los escraches violentos y el separatismo condenado y encarcelado.

Madrid ha votado contra quienes insultan la libertad de voto, mienten sin escrúpulos y deslegitiman la democracia con el abuso tabernario del CIS, del BOE y de otras instituciones de titularidad pública. Madrid ha votado contra el vómito de la bilis perdedora y ese desprecio inmoral edificado sobre la intelectualidad miope progre de las cañas, los berberechos y el nazismo.

Sí, Madrid ha votado mayoritariamente a favor de la libertad, a favor de una gestión atrevida de la pandemia, a favor de la rebaja de impuestos. Y quien no quiera entender el mensaje volverá a incurrir en la soberbia de una gobernanza con tics autoritarios que reparte carnets de demócratas y fascistas con la misma facilidad que dice una cosa y la contraria en cuestión de días, horas o minutos. Harían bien los ciudadanos en exigir responsabilidades por la sucia campaña electoral.

Los votantes de izquierda, derecha y centro están deseando saber quiénes amenazaron por carta y quien ordenó que hicieran campaña la directora de la Guardia Civil y un juez metido a ministro del Interior que fue capaz de llamar al PP "organización criminal" con la exaltación del fanatismo.

La errata 


La inconsistencia del Gobierno hace aguas hasta en ministerios de aparente solvencia como el de Nadia Calviño. La ministra de Economía ha descrito como errata la futura anulación de la tributación conjunta que recoge el Plan de Recuperación enviado a Bruselas por Moncloa. Tras filtraciones, negaciones, rectificaciones, confirmaciones y otros enredos, España conoció al día siguiente del 4-M la verdadera subida de impuestos que el Gobierno prepara para lograr los fondos europeos con los que salvar la economía que el covid y una mala gestión han destrozado. El caos en la desescalada también se ha apoderado de la lucha contra la crisis, hasta el punto de amenazar a los españoles con la implantación de peajes en todas las autovías españolas. Consuela saber que esa mala intención se contempla para 2024, después de un adelanto electoral que el sanchismo lleva en secreto. En el Plan de Resiliencia y presión fiscal no figuran supresión de ministerios ni austeridad en el gasto, pero si impuestos al diésel, el patrimonio armonizador y un tipo mínimo en sociedades. Es decir, pura presión fiscal no precisamente para ricos.

Nazis, ultras y berberechos


Si la izquierda en general fue arrastrada por Iglesias al discurso inclusivo del fascismo contra Ayuso, el PSOE ha hecho una interpretación de su derrota en Madrid con la misma indecencia de quien sólo reconoce la democracia en los votos favorables. Carmen Calvo hizo un peculiar ajuste de cuentas con quienes han votado a Ayuso porque "para un socialista es difícil oír hablar de cañas, de ex y de berberechos". La cosa se hubiera quedado ahí de no ser porque toda una vicepresidenta primera del Gobierno ha afirmado sin despeinarse que "el fascismo aparece a veces con la bandera de la libertad". Que desde el Gobierno se vincule la palabra libertad (lema electoral del ganador de las elecciones de Madrid) con el nazismo y la limpieza étnica asesina de los campos de concentración es de una vaguedad intelectual tan alarmante como retorcida. Es un soliloquio de bajeza. Simplificar la verdad electoral no cambia la realidad tachando de "esperpento" la inexistencia de una "vida a la madrileña" que Calvo identifica con la ultraderecha.

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