Opinión

Una lectura nacional

Galicia ha hablado y España lo ha entendido. Análisis de la victoria del PP, la subida del BNG y la caída de PSOE
Feijóo y Rueda posan sonrientes este lunes. LAVANDEIRA JR. (EFE)
photo_camera Feijóo y Rueda. LAVANDEIRA JR. (EFE)

QUIZÁS SEA García Page, ayudan sus frecuentes visitas a Sanxenxo y La Toja, el que mejor ha sabido hacer autocrítica sobre la debacle socialista en Galicia. Conocer la tierra siempre permite un diagnóstico sincero. Y lo ha hecho desafiando el marco sanchista dominante, con riesgo para su integridad política, si bien desde su mayoría absoluta en Castilla-La Mancha hablar es gratuito mientras ninguno de sus diputados vote en contra de la Ley de amnistía. Dijo Page que se hace necesaria una "reflexión profunda" para evitar un futuro "ciclón electoral" que arrase lo que queda del PSOE. Lo dijo antes del caso Koldo-Ábalos, que incrementa el riego del Partido Sanchista que antaño fue socialista, obrero y español. Page sabe que su comunidad es un reducto del socialismo tradicional porque hace un discurso y una lectura nacional de la política y de las elecciones gallegas. El poder territorial socialista se reduce a Castilla-La Mancha, Asturias y Navarra, con la peculiaridad foral y la entrega del ayuntamiento de Pamplona a Bildu a cambio de la comunidad. El poder municipal también se ha teñido de azul, sin olvidar que las generales las ganó el PP aunque gobierne Sánchez gracias al apoyo separatista a costa de cesiones chantajistas. De modo que cuando Page llama a reflexionar en prevención de un ciclón electoral, está hablando del tsunami que ya ha arrasado a Sánchez y que puede llevarse por delante su liderazgo si la presunta corrupción y las elecciones europeas de junio, como marca la tendencia, le barren con todos sus engaños, mentiras y pactos desleales hacia el Estado español. De las autonómicas vascas de abril falta saber si, como parece, el PSOE respalda al PNV en caso de necesitarlo para devolverle el favor de la moción que aupó a Sánchez, o si como ha hecho en Galicia, se inhibe en favor del separatismo rupturista, con el agravante de que Bildu es el heredero político de Eta. Claro que el PNV y Bildu siempre pueden pactar entre ellos aunque ahora se niegue.

Con este panorama en el que la izquierda convirtió en falsa victoria la nueva derrota del BNG en Galicia por marketing, España afronta el futuro inminente colgada de la brocha de Puigdemont que Sánchez ha puesto en su mano en forma de detonador para la voladura premeditada del sistema. Negar que Galicia ha castigado las inmorales y secretistas políticas pactistas con los enemigos de España en base a los 25 escaños de un Bloque que también defiende la amnistía, es no entender el mensaje de las urnas e incurrir de nuevo en la política desafiante del muro que Sánchez ha levantado para protegerse a sí mismo. Pero necesitará una muralla para protegerse de la Gürtel del PSOE. Lo que vimos hace una semana en Galicia fue la prueba de cargo de un presidente culpable de la deriva de España que, en autonomías como la gallega, ha sido frenado en seco por practicar políticas peligrosas y nocivas contra la igualdad entre españoles y territorios.

La sabiduría del ingenio patrio también contribuye a la reflexión con un juicio humorado y certero de lo ocurrido en Galicia. El PSOE, que ha perdido hasta la caseta de la Feria de abril por impago, ha recogido junto a Sumar y Podemos más pellets que votos. El lema electoral del BNG tras el 18-F es "Agora chupa Rueda". Y como ha circulado en las redes sociales, el PSG tuvo una semana negra al perder Mbappé y Galicia a la vez. A veces no hace falta ser Page para acertar en el análisis, aunque Sánchez se empeñe en culpar de sus sucesivas derrotas electorales a la falta de liderazgo de sus barones socialistas. Todos han sido colocados a dedo por el sanchismo, de forma que desviar la responsabilidad de la destrucción del PSOE hacia ellos vuelve a ser una cobardía ególatra en el más puro estilo del engaño que tanto cultiva el poder establecido.

Las elecciones gallegas sólo tienen lectura en clave nacional. Porque si el PP hubiera perdido Galicia la lectura nacional habría ocupado los titulares, editoriales y artículos de opinión de todos los medios y sobre todo de las terminales mediáticas del régimen que tanto han destacado el repentino viaje presidencial a Marruecos y se emplean en borrar el rastro de Koldo. La invención de un supuesto vuelco electoral fue una estrategia impulsada por el CIS y Moncloa que se ha demostrado falso. Como la navajita plateá de los madriles que pichó en hueso con Ayuso y la ciencia ficción de otro Prestige, todo fue pura invención para convertir Galicia en el funeral de Feijóo y Rueda. La izquierda pretendió una última semana de campaña accidentada como en las generales a base de debates trucados y bulos como el que se hizo circular con el ventilador del relato sobre el supuesto cambio de posición de Feijóo respecto a la amnistía. Pura propaganda de campaña que siempre recurre al dóberman, a Franco o a la extrema derecha como único programa electoral o motivación de las protestas del campo. Esta vez, agitar el miedo a la extrema derecha no funcionó porque en Galicia Vox no tiene representación. Y ahí encontramos la verdadera lectura nacional del PP: concentrar el voto de centro derecha en sus siglas, como ha ocurrido en Galicia, es la única posibilidad de obtener mayoría absoluta en España.

El bloque opositor I

Ana Pontón es una lideresa sólida, con empatía mediática y políticamente resultona. Como comunidad histórica, Galicia tiene en el BNG su partido de representación nacionalista. No sólo es democrático, sino que es necesario por la idiosincrasia galaica. Pontón es una rival difícil, que a Feijóo ya le costaba, de ahí que Rueda tenga mucho mérito. Pero el problema de Ana Pontón es que, tras 20 años en el parlamento gallego y tres candidaturas, ha vuelto a perder frente a un PP galleguista que sabe interpretar mayoritariamente ese sentimiento nacionalista, que no separatista. Que el BNG se presente en coalición con Bildu y ERC a las europeas y defienda el derecho a decidir en su programa es algo que la mayoría de los gallegos no quiere. Tampoco la mayoría de los españoles. El Bloque creció con voto prestado del PSOE y el hundimiento de Podemos y Sumar. O en Fene conocen demasiado bien a Yolanda Díaz o no sabían que era ella de tanto subirse a la pasarela en plan izquierda caviar intentado vender una imagen guay del Paraguay que en Galicia no identifican.

El bloque opositor II

A José Ramón Gómez Besteiro le llegó tarde el liderazgo del PSOE en Galicia. Y le llegó de la mano de Pedro Sánchez, que lo rehabilitó políticamente tras el archivo de causas judiciales que le apartaron de la política demasiado tiempo. Besteiro es un político interesante, con aplomo y moderado, carismático y galleguista. Un político que en su momento preocupó al entorno de Feijóo como posible candidato a la presidencia de la Xunta, pero que las prisas presentes del lanzamiento como delegado del Gobierno y diputado nacional le han penalizado el 18-F. El líder del PSdeG hizo autocrítica en la noche electoral y reconoció sin paliativos su caída en votos y escaños. Pero a juicio del tribunal de la opinión publicada el responsable directo no es él, sino Pedro Sánchez y su forma de teledirigir la campaña de Galicia desde los intereses de la Moncloa y el egoísmo personal. A Besteiro le han impuesto una estrategia diseñada en Madrid, ajena a Galicia, y supeditada al derribo del tándem Rueda-Feijóo entregando la identidad y los votos del PSOE al BNG. Besteiro sabe que ahora debe seguir en Galicia y soltar el lastre de Madrid para sobrevivir.

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