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O Marisquiño: negligencia y caos

El siniestro de O Marisquiño nos ha despertado del letargo veraniego con una sacudida de enorme alarma social. Afortunadamente no estamos hablando de una tragedia mortal de grandes proporciones, si bien los más de 300 heridos son motivo de lamentación, preocupación y reflexión sobre la seguridad en este mes de fiestas, conciertos y otras celebraciones propias de este tiempo. Lo primero que debemos decir en este festivo 15 de agosto es que en este tipo de sucesos hay un componente notable de fatalidad no imputable a la responsabilidad administrativa de turno. Dicho esto, recordemos que por el partidismo político enseguida se busca culpables como ocurrió con las 5 muertes del Madrid Arena. En Galicia, el jaleo de la culpa por ganar unos votos no debiera estar en el ADN de la política seria, porque al igual que en Madrid habría que hablar aquí de negligencia en la organización y los permisos del concierto que se reparten, según parece, el ayuntamiento de Vigo y la autoridad portuaria. Abel Caballero, un alcalde tan votado como incontinente, recuérdense sus movidas habituales y el episodio puntual con el estadio de Balaídos, debe exigir responsabilidades para que no se vuelva a repetir y porque podríamos estar hablando de decenas de víctimas mortales. Y lo cierto es que la oposición municipal del PP lo avisó.

En todo caso, parece claro que el exceso de aforo motivó el accidente del puerto de Vigo. El hundimiento de la plataforma, según todos los indicios, se debió a un sobrepeso inaceptable por mucho que se busquen ahora argumentos de mantenimiento y otras excusas de cinismo veraniego. Por tanto, cuando se permite un concierto de Rels B o Raphael con PH con una asistencia sobredimensionada, alguien tendrá que responder, además del seguro, por el permiso de aforo.

En España tenemos bastante afición a señalar al contrario cuando las cosas salen mal. Ha sido fulano o fulanito, mengano o el de más allá. O sea que ahora resulta, dice el populismo, que la culpa del desafío ilegal y golpista catalán ha sido de Rajoy, o que los asaltos con violencia a las vallas de Ceuta o Melilla son imputables al Gobierno anterior como si el efecto llamada del Aquarius se debiera a la Gürtel o al máster de Cifuentes. Debemos, por tanto, considerar que en O Marisquiño se dan cita los peores vicios del caos y la negligencia, sin perder la perspectiva de que la fatalidad también cuenta como contó el fallo humano en el accidente de Angrois.

Seamos prácticos en los juicios de valor, y colaboremos todos en evitar que este tipo de asuntos de vuelvan a repetir por descuido vigilando, sea un accidente como el de O Marisquiño o un caso de corrupción como los ERE andaluces o Bárcenas. Aprender de lo malo para el beneficio común es lo que mejora las democracias y da categoría de servicio público a nuestros gobernantes. A lo mejor es por eso que Feijóo sigue abonado a la mayoría absoluta y predica en Galicia. ¿Seguirá siendo exportable en 2020?

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