Opinión

¿Tierra firme o movediza?

Crítica literaria en la España novelesca. La política como materia narrativa del relato que es objeto de bestseller
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photo_camera Portadas de los libros de Pedro Sánchez y Barack Obama. PENÍNSULA/PENGUIN

Antes se gritaba sencillamente "¡Tierra a la vista!" como avistamiento final de una travesía marítima épica. Epopeyas a lomo de los mares que llevaron a Cristóbal Colón a descubrir América, a Juan Sebastián Elcano y Magallanes a dar la primera vuelta al mundo o a Marco Polo rumbo a Asia como gloriosa gesta veneciana. Pero ahora se grita directamente Tierra Firme, firme con mayúscula, como puerto final de las transformaciones que Pedro Sánchez narra en su pretendido bestseller, segundo libro que le escribe Irene Lozano, según las crónicas de la verdad, tras el primero titulado Manual de resistencia.

El título y la autoría son como todo, te lo puedes creer o no. Pero lo cierto es que el grupo Planeta, dueño de la editorial Península que pone en circulación la nueva "novela" sanchista, ya publicó en 2007 otra novela histórica y juvenil de Matilde Asensi titulada Tierra firme, firme con minúscula. La coincidencia da que pensar casi tanto como la existencia de lo que se denomina "escritor fantasma o negro", una figura que a Sánchez no le cuesta encontrar entre los miles de colaboradores y cargos que lo convierten en el presidente más caro de la democracia en España.

Tierra Firme pretende ser una narración en primera persona de la experiencia de gobierno de Sánchez desde que llegó a la Moncloa hasta la noche del 23-J, fecha de las últimas elecciones generales que perdió. Dicho con la retranca debida, Tierra Firme es un símil del pretendido cambio político y social que el sanchismo podemita obra en España como milagro transformador de un país que divisó la luz del faro salvador que nos ha de guiar a ese continente de firmeza sobre el que edificar el nuevo régimen. En realidad, a falta de lectura profunda, lo cierto es que muchos podrían pensar que estamos camino de peligrosas tierras movedizas desde el momento en el que la formación de Gobierno se sustenta sobre socios prófugos, golpistas condenados por sedición y herederos políticos de Eta.

El título del libro que sale al mercado literario nunca se llevará los premios Cervantes o de las Letras Españolas (a Sánchez menos del Nobel no le vale), pero pone una pica en Flandes para seguir su hoja de ruta como aventurero conquistador de nuevos y arriesgados mundos de la política. Se supone que dada la aspiración sanchista a liderar el pensamiento de la ultraizquierda mundial, la elección del título no es casual como desafío y declaración de intenciones. El término Tierra Firme se acuñó para describir las colonias americanas pertenecientes al imperio español desde 1520 a 1530, años que abarcaban el final de la edad de oro de la piratería. La expresión Tierra Firme era, pues, el nombre que se le daba a una parte de Colombia, Panamá y Venezuela, lo que no deja de ser una paradoja de la casualidad bolivariana que tanto se le ha echado en cara al sanchismo podemizado.

Conviene preguntarse, por tanto, si el término "tierra firme" es realmente de una consistencia sociopolítica razonable o en realidad estamos ante tierras movedizas dadas las aspiraciones independentistas de los socios del sanchismo y las exigencias chantajistas con las que someten la verificación de los pactos.

El autor de este tiempo de polarización en España pisa un terreno pantanoso de enorme riesgo para la integridad territorial que se evidencia en cada movimiento político de alcance. Ya no es la oportunidad de un viaje internacional o unas declaraciones inconvenientes en el arte de la diplomacia sobre Israel y Gaza, sino el elogio de una organización terrorista como Hamás y el entendimiento con los herederos políticos de Eta y los separatistas condenados, y ya indultados, poniendo en riesgo el Estado de Derecho, la separación de poderes y la igualdad entre españoles. No parece que la "tierra firme" y prometida en el libro de Sánchez sea una nación unida con un Gobierno para todos donde el interés general sea la estrella que nos guíe hacia el bien común igualitario de la sociedad tras la apertura de la decimoquinta legislatura, con un Rey para todos y una presidenta del Congreso mitinera solo para la izquierda.

Desde luego, Tierra Firme promete ser la versión literaria del muro que Sánchez está levantando a modo de cordón sanitario contra la mitad de los españoles. Al menos eso se deduce del prólogo anticipado en el que se habla de "mentiras palmarias de la oposición, de bulos y campañas de desinformación, de invención de conspiraciones o de catastrofismo de algunos medios", todo ello atribuible al poder sanchista.

No vamos a recordar las sospechas y acusaciones de plagio de las que fue objeto la famosa tesis de Sánchez en 2018. Pero levanta cierta susceptibilidad que la portada de Tierra Firme, con la foto de perfil de Sánchez y su nombre acompañando el título, se parezca tanto al libro de Barack Obama de 2020 titulado Una tierra prometida. Salvando las distancias, las ambiciones y las licencias literarias del relato, también Obama recoge su periodo gubernamental como Sánchez. Todo un paralelismo "planetario", que diría Leire Pajín, para leer entre líneas.

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