Opinión

Las virtudes de la amnistía

Realidad de una democracia desigualitaria. Oligarquía de minorías sobre mayorías. El fin que justifica los medios
Alberto Núñez Feijóo, con Cuca Gamarra, el día del debate de la ley de amnistía en el Congreso. FERNANDO VILLAR (EFE)
photo_camera Alberto Núñez Feijóo, con Cuca Gamarra, el día del debate de la ley de amnistía en el Congreso. FERNANDO VILLAR (EFE)

Pedro el ausente dejó en manos de Patxi, el Óscar Puente bis, la defensa de la ley de amnistía en el Congreso. Núñez Feijóo no hizo dejación y dio la cara en la sede de la soberanía nacional, donde hay que debatir sobre los grandes asuntos de Estado. Y este lo es, pese a la metamorfosis gubernamental ejercida sobre el concepto de amnistía, que se ha convertido en el bálsamo de Fierabrás que librará a los españoles de todos los males del mundo contemporáneo. La amnistía ha dejado de ser inconstitucional para convertirse en la poción mágica que va a curar todas las heridas de España. La amnistía es la pócima milagrosa formulada en el laboratorio clandestino de Waterloo para borrar los delitos del separatismo y favorecer a su clase dirigente delictiva y prófuga como casta abonada a la impunidad de delitos probados.

Tarde o temprano habrá reunión Sánchez-Puigdemont en el extranjero para legitimar al prófugo, anunciada al día siguiente de que Puchi Companys amenazara a Sánchez en el Parlamento europeo, donde el aspirante a estadista se enemistó con la mitad de la UE por sus licencias sobre el nazismo ante un alemán. La amnistía cumplió su primer trámite parlamentario en España con Sánchez huido del Congreso bajo el pretexto de ese debate europeo al que hubiera llegado igual pues se celebró veinticuatro horas después. Son las cosas de Sánchez, capaz de frivolizar con chascarrillos sobre el verificador salvadoreño y Supervivientes junto al cómico Jorge Javier Vázquez, y hurtar horas después al Parlamento de su obligada presencia en el pleno de amnistía. La presentación del libro Tierra firme que le han escrito a Sánchez se usó como cortina de humo sobre la ley de amnistía que impidió la alternancia democrática a costa de levantar muros trumpistas ideológicos de conveniencia política y apartheid autocrático. Según el sanchismo, la amnistía "siembra esperanza", una nueva perífrasis fake para glosar las excelencias de una medida que rompe la igualdad entre ciudadanos y territorios, atenta contra la separación de poderes y liquida el Estado de Derecho.

Rompe la igualdad porque los políticos delincuentes son favorecidos frente al resto de españoles y dopados con una quita de 15.000 millones de deuda. Atenta contra la separación de poderes porque el Ejecutivo impone una mayoría legislativa de minorías sobre el poder judicial y las sentencias. Y liquida el Estado de Derecho porque se permite perseguir y señalar a los jueces mediante comisiones lawfare destinadas a fabricar impunidad. Pedro El Ausente no tuvo tiempo de ir al pleno de la amnistía, pero sus formas fake made in Spain no colaron en la UE, donde le pararon los pies.

En el Parlamento europeo y el Congreso español tiene la oposición que no encuentra en sus masivas y bondadosas entrevistas mediáticas con las que combate el rechazo, las críticas, las encuestas y, de paso, adoctrina la humillada sociedad española sobre las bondades de su virtuosa amnistía. Porque la amnistía –dice el sanchismo– llega para pacificar España y facilitar la convivencia, como si viviéramos en una guerra civil o en una nación sometida a la guerrilla, pues hay que justificar la imposición secesionista del mediador extranjero experto en narcoterrorismo. La amnistía es la forma que tiene el PSOE de "sembrar esperanza", según palabras de Patxi Puente, como si España fuera un país sumergido en la depresión por culpa de esos malvados tribunales que hicieron cumplir la ley a golpistas condenados por sedición y corrupción.

La ley de amnistía también es "la ilusión por el reencuentro", como si los dirigentes catalanes huidos de la Justicia estuvieran en la ilegalidad por culpa de millones de españoles, que cumplen la Ley, pero se les culpa del desafío ilegal como votantes del PP y Vox, la "ultraderecha más extrema" a la que responsabilizan del VARarbitraje judicial por cumplir la Constitución. Sin duda, desde la Transición de la concordia que llevó a España del franquismo a la democracia, llevamos 45 años de Carta Magna con un olvido imperdonable sobre la amnistía, pues siendo tan beneficiosa se debería aplicar al menos una vez al año, que no hace daño.

De hecho, si la amnistía es tan constitucional y excelente para los españoles no se entiende que el pacto que la alumbra se verifique de forma oscurantista fuera de España, ni que el sanchismo esté obsesionado con el control del Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el Tribunal Supremo o los letrados del Congreso para evitar contratiempos que pongan en peligro la Moncloa. Es la política de la amnistía que no acabará con el paro o la deuda española, que no abaratará el coste de la vida ni rebajará la pobreza pero que nos hará a todos felices ciudadanos desiguales. Es la amnistía que permite al PSOE entregar la alcaldía de Pamplona a Bildu en otra traición más a las urnas y los españoles. Es la amnistía, inconstitucional según el sanchismo oficial antes de las elecciones, y ahora legal según el relato. La amnistía que, rumbo a la autodeterminación, permitirá que el independentismo persista en su desafío hasta alcanzar un nuevo referéndum ilegal que nos venderán como legal.

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