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De Virgen a Virgen

DEL 16 DE julio al 15 de agosto. Del Carmen a la Asunción, o sea, de Virgen a Virgen. Esta es la canícula, el apogeo del verano. Cuando el sol ya ha calentado la tierra y los mares, cuando los días aún son largos y pesan más que las noches para sumar horas de calor frente a horas de refrescar. Y este año, cuando parecía que nunca llegaba el verano a esta Galicia de nuestros pecados, se ha cumplido plenamente la popular previsión, pues hasta mediado julio el tiempo era, como mucho, primaveral. Pero el verano —con considerable retraso, lo que tampoco es raro— por fin aparece, a ver hasta cuándo y a ver con qué cara.

Yo, que tiendo al dramatismo y la exageración, empezaba a creer que estábamos ante otro «verano sin verano», como se llamó al de 1816, cuando la temperatura nunca consiguió remontar y el sol brilló, pero por su ausencia. Esa alteración climática provocó catástrofes en las cosechas y las consiguientes hambrunas, además de una ola de depresiones. Aunque. Bien pensado, supongo que en aquellos tiempos la depresión no existía como tal, quizá ni la neurastenia, porque había cosas más tangibles para hundir al personal. Las causas de ese verano inexistente fuero varias, quizá la más importante la tremenda erupción el año anterior del volcán Tambora, en Indonesia, la más grande en mil y pico de años, que arrojó a la atmósfera una enorme cantidad de gases que casi llegaron a nublar el sol , desde luego a amortiguar su fuerza durante meses y meses.

El verano que no fue de 1816 es conocido literariamente porque estaban pasándolo en una villa cerca de Ginebra Byron, el matrimonio Shelley y Polidori. Quizá contagiados del permanentemente hosco aspecto del no-verano, Mary Shelley empezó a escribir nada menos que Frankestein y Polidori El vampiro, antecedente de ‘Drácula’. El mal tiempo influyó sin duda en tan terrorífica inspiración, pero seguro que también el que esta fuese una pandilla de escritores románticos, tan dados a lo siniestro, a lo inquietante y, en fin, a epatar o incluso asustar a los apacibles y comodones burgueses.

Pero bueno, este verano de 2021 sí parece que ha llegado y le queda un mes de plenitud. Después, por buen tiempo que haga, los días se acortan sensiblemente y un verano que se precie ha de ser de luz radiante y casi continua, por lo menos para los animales diurnos, entre los cuales me incluyo, al contrario que muchos otros humanos, que también son animales, por supuesto, pero que han evolucionado o involucionado hacia hábitos nocturnos, como ese Drácula que acabo de citar.

De todas maneras, cuando se marchan los vencejos a primeros de agosto, se acaba para mí, que soy un raro, el mejor verano, así que esta vez solo voy a tener medio mes o así de esplendor estival. ¡Porca miseria!

De Virgen a Virgen
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