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Cada vez más casta

Hace unos días se hacía público que Pablo Iglesias elegía al ex JEMAD Julio Rodríguez para liderar la lista de pablistas y errejonistas a la dirección de Podemos en Madrid, que a mediados de diciembre celebrará sus primarias para renovar la dirección. Tras dos intentos fallidos de salir elegido como diputado por las circunscripciones de Zaragoza y Almería, el ex general probará ahora suerte en Madrid, una plaza clave en términos simbólicos y de repercusión mediática.

En su corta vida Podemos ha sido ya muchas cosas, y su líder, Pablo Iglesias, a modo de actor griego se presenta unos días con la máscara de conciliador, otros de furibundo y bastantes de ambiguo y maniqueo. Lo que sin embargo parece claro es que a la poderosa dirección de este partido, que hace exhibición de nepotismo sin ningún pudor, no le gusta demasiado la democracia, a pesar de que por el número de veces que emplean la palabra podría ser una de sus favoritas. La prueba la tenemos en las purgas internas, en la sustracción de poder a sus círculos, o en la imposición de listas afines en comunidades y ayuntamientos (el último el general Rodríguez).

Nadie sabe cuánto tiempo podrán resistir sus contradicciones internas, pero creo que lo que más factura les va a pasar es su visión del modelo territorial a cuento de la crisis catalana, donde se han alineado con los independentistas, hablando de derecho a decidir, presos políticos, estado opresor, castración de la libertad de expresión, etc.

Este escoramiento acelerado que han iniciado podría suponerles perder a un número importante de votantes, lo que advierte Carolina Bescansa, cuando afirma que a ella lo que le gustaría es un “Podemos que le hablase más a España y a los españoles y no solo a los independentistas", porque continuaba afirmando que “Podemos es un partido de naturaleza estatal y español, con un proyecto político para España y para Cataluña. Pero es un partido con un proyecto político español y eso nos hemos olvidado de contarlo en esta crisis".

Según un estudio demoscópico de mediados de octubre, Podemos ha perdido el 21% de sus apoyos respecto a mayo de 2016. Pero lo peor, según otras encuestas, parece que está por llegar, porque como ha escrito Gabriela Cañas, a cuento de Cataluña, "Iglesias se ha convertido en el nini de la política", ni declaración unilateral de independencia ni aplicación del artículo155.

El "efecto rebote" que ha provocado en todo el Estado el “desmadre” y la crisis provocada por los independentistas, a los que apoya en mayor o menor medida Podemos, parece que acabará por llevarse por delante sus posibilidades electorales. Pablo Iglesias dirige, a modo de jefe bolchevique, un partido comunista en un país que no lo es, que parece desmembrarse, para ser algo distinto o para beneficiar a otros (el PSOE se frota las manos).

Con su actitud Podemos ha creado anticuerpos políticos y económicos que les van a impedir influir en cualquier futuro gobierno, puesto que ni el PP, ni Ciudadanos ni el PSOE les van a dar oxígeno votando alguna de sus propuestas. Aunque con todo y con eso, los partidos tradicionales no deberían olvidar que la existencia de un movimiento como Podemos, es algo más que un aviso o una anécdota, ya que hay mucha gente, de todas las edades y condiciones, que siguen negándose a hacer política de la misma manera.

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