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Detrás de estos vienen más

Los acontecimientos de las últimas semanas en el Mediterráneo, deberían servir para hacernos reflexionar sobre las causas que llevan a un gran número de personas a tomar, quizás, la decisión más importante de su vida, y a veces la última.

Nos encontramos ante una catástrofe humanitaria no sólo numérica, sino especialmente cualitativa, porque demuestra la incapacidad de los estados de reaccionar ante algo que parecía previsible. ¿No cabía esperar de la disolución de Libia, la guerra en Siria o los regímenes dictatoriales del cuerno de África, movimientos de refugiados? Huir del conflicto es la reacción habitual y pensar que el mar lo evitaría, no parece muy sensato. 

Una aproximación a la cuestión nos lleva a plantear tres ejes principales. El primero, el contexto. Es una crisis de refugiados, no de inmigrantes ilegales. El segundo, la ausencia de políticas europeas que aborden la cuestión migratoria y de asilo de manera eficaz y no a golpe de naufragio, porque la política migratoria es más que la política de control de fronteras. Y el tercero, lo que está sucediendo está directamente relacionado con la ausencia de una estrategia común de resolución de conflictos y post-conflictos.

La inmigración no es un fenómeno nuevo para nosotros, ya que entre 1846 y 1914, más de 30 millones emigramos a América buscando mejores oportunidades, y que decir de los refugiados de las grandes guerras. Esto debería enseñarnos que cada cierto tiempo es previsible una crisis y hay que estar preparados.

Se han propuesto soluciones interesantes como la planteada hace años por los eurodiputados franceses Berès y Jadot, y el editor de Alternatives économiques, Guillaume Duval, de crear un programa similar al Plan Marshall, de ayuda a los países de origen de los refugiados. Europa debe mirar más al sur y convencerse de que África es un continente que tiene un enorme potencial que henos de aprender a valorar (China ya lo hace).

Otro problema son los indeseables que trafican con personas y que han convertido el Mare Nostrum en una tumba de vidas e ilusiones. Estos que desde que saben que hay barcos de ONGs, han abaratado hasta las pateras que usan. Ahora, botes neumáticos, fabricados en China, muy baratos y peligrosos, con un alcance de pocas millas, donde se agolpan decenas de personas, que lo normal es que tengan problemas: se llenen de agua, se pinchen, pierdan el motor o vuelquen. Las ONG les rescatan en alta mar y no les devuelven a la cercana costa africana, sino a un puerto europeo, que en el fondo es lo prometido por las mafias. Este círculo vicioso es un laberinto infernal, del que no se puede salir, ya que las ONGs no pueden dejarlos morir. Esto a largo plazo sólo aumenta los réditos de las mafias y los riesgos de los inmigrantes. 

Nadie puede ser tan osado como para pensar que la solución al problema de la inmigración, en este siglo XXI de la globalización de los avances científicos y de las miserias humanas es fácil. Quizá, por el momento, a lo que sí podemos aspirar es a no empeorar las cosas y a ser más generosos con corazón grande. La solidaridad está escrita en palabras mayúsculas en el ADN fundacional de nuestra Europa. Hay un problema que tenemos que regular y resolver por igual. Lo que sí es seguro es que no se resolverá sólo acogiendo a los últimos inmigrantes que han llegado, porque detrás vienen más.

Detrás de estos vienen más
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