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Internet y los insultos

INTERNET PUEDE ser un maravilloso espacio de comunicación, integración y colaboración, pero también una tierra de nadie habitada por toda clase de seres malignos. La posibilidad de expresar sentimientos de rechazo con la inmediatez y el anonimato que brinda internet y el eco que produce encontrar con facilidad a docenas de personas con posiciones similares han hecho que enviar mensajes de odio sea más fácil que nunca. 

Usuarios que trolean, acosan insistentemente, publican fotos e información personal de otros con el único fin de dañar o destruir al prójimo. Envidia, maldad, amores frustrados o no correspondidos que vuelcan sus iras en el time line o en el muro de personas públicas (y no públicas) a las que no pueden acceder.

Estos comportamientos son cada vez más frecuentes y la verdad es que cabe preguntarse si ¿nuestra Sociedad está perdiendo el control y cayendo en uno de los grandes males de toda civilización, no tener una mínima ética moral?, ¿Hemos olvidado la natural empatía de un ser humano hacia otro ser humano?, ¿Será necesario volver a enseñar en los sistemas educativos, una moral mínima, para aprender de nuevo a distinguir entre el bien y mal?

Los valores y la ética impregnan toda la vida social, no son sólo una cuestión personal, sino que repercuten en todos los ámbitos y están relacionados con nuestros derechos y deberes como ciudadanos. En otras palabras, la ética no es ajena a ninguna actividad humana. Ésta es la razón por la que la crisis de valores que seguro sufren esas personas a nivel personal, se refleja en la sociedad en su conjunto y constituye un problema que sufrimos todos, del cual se derivan esas acciones y conductas poco edificantes que vemos día a día en nuestro entorno.

Los seres humanos interiorizamos los valores morales poco a poco desde niños y sobre todo en el núcleo familiar. Ahí aprendemos el respeto, la tolerancia, la honestidad, la generosidad, la responsabilidad, la lealtad y la perseverancia, entre otros. A medida que maduramos comenzamos a asumir los valores sociales, y comenzamos a pensar en el respeto a nuestros semejantes, la cooperación, la comprensión, la vocación de servicio, etc.

Sin embargo, actualmente parece que este proceso se ha paralizado y ha dejado de funcionar, ya que nos encontramos con que estos valores han dejado de apreciarse, ya no se tienen en cuenta y, por tanto, poco o nada influyen en las relaciones sociales. 

Esta crisis de valores ha generado una crisis social que nos ha traído también un cambio de paradigma con nuevas referencias morales, e incluso de valoración de las consecuencias de nuestros propios actos, porque ahora nada importa excepto uno mismo. Parafraseando al filósofo Max Weber, el mundo se está desencantando a pasos de gigante.

El respeto es una de las bases de la moral y la ética y consiste en algo tan importante como valorar, considerar y reconocer la dignidad de cada persona en cuanto tal. 

Las actitudes de odio, egoísmo, violencia o indiferencia ante el prójimo, que se manifiestan en las redes sociales, deben ser cambiadas con urgencia porque se enmarcan probablemente, en muchos casos, en un proceso de deshumanización creciente del hombre. Es imprescindible rediseñar y volver a educar a la sociedad para que sea más saludable la vida en el mundo, haciendo renacer los valores que se encuentran dentro de cada conciencia humana.

Internet y los insultos
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