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Invierno demográfico

LOS EXPERTOS se ponen de acuerdo en que en el año 2050 viviremos en un país muy envejecido y que en poco más de una década habrá una persona activa por cada persona inactiva, lo que planteará serios retos políticos y sociales para sobrevivir como sociedad y salvaguardar el Estado del Bienestar. 

El exprimer ministro francés, Michel Rocard, alertaba ya en 1989 de los peligros que se cernían sobre las sociedades avanzadas, afirmando que "La mayor parte de los estados de Europa occidental llevan camino de suicidarse por la demografía”.

Galicia es uno de los mejores ejemplos del llamado “invierno demográfico”. El aumento de la esperanza de vida y la baja natalidad están envejeciendo a la población hasta niveles inasumibles. Nuestros datos no son nada esperanzadores: la natalidad se desploma, con una caída que roza el 25%; la esperanza de vida aumenta; el éxodo de gallegos que dejan el país va a seguir creciendo, mientras que los que vuelven cada vez serán menos y la llegada de inmigrantes no conseguirá equilibrar esa diferencia. 

El envejecimiento será, ¡ya es!, más acusado en el rural y sobre todo en las provincias de Lugo y Ourense, donde en 2030 en uno de cada cinco concellos los habitantes tendrán de media más de 65 años. 

El recambio generacional no se vislumbra. Si en 2012 murieron 9.200 gallegos más de los que nacieron, dentro de una década esta cifra rondará los 15.000 y en las próximas cuatro será de un millón, más de lo ganado en el último siglo.

Un territorio necesita una tasa de natalidad de 2,1 hijos por mujer para reemplazar a su población. En Galicia nos situamos en el 1,08, frente al 1,36 de Alemania, el 1,22 de Italia, o el 1,38 de España. Países como Francia, con una tasa del 2,1, Noruega, Holanda o Dinamarca han realizado una importante apuesta por la protección de la natalidad y han mejorado las cifras entre 1985 y 2010.  

Ninguna de las medidas que podamos aplicar ahora ya van a tener a corto o medio plazo ningún resultado. Es preciso pensar a largo plazo y diseñar acciones que sirvan para cambiar apreciaciones e invertir tendencias.

Hay que combinar políticas de fomento de la natalidad con otras medidas de apoyo sin complejos a las familias (¡esto no es de derechas ni de izquierdas!). Deben aumentarse las ayudas para guarderías públicas, poner en marcha leyes que potencien la conciliación familiar o permisos de maternidad y paternidad más duraderos. 

Las empresas también deben tomar conciencia del papel importante que pueden jugar, estableciendo en sus políticas de Responsabilidad Social Corporativa el apoyo a la natalidad como algo prioritario. 

La sociedad en su conjunto, para garantizar su supervivencia, debería apoyar sin excusas a las familias, asumiendo partes de los costes que supone la maternidad y la educación de los hijos.

Hay que tomarse en serio la caída de la demografía y aunque nada va a impedir que suframos ya sus consecuencias lo que sí podemos hacer es intentar limitar el tiempo de su duración. Cuanto antes pongamos los medios menos tiempo durarán sus efectos. 

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