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Mi reino por un caballo

La guerra de las Dos Rosas finaliza cuando Enrique VII, derrota a Ricardo III, quien como describe Shakespeare, muere gritando aquellos de ¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo! Este precio simbólico que ponía a su reino, parece ser el mismo que Pedro Sánchez ha puesto al Gobierno de España. Quien tras negarlo más veces que el santo de su nombre negó a Jesús, ha cedido a las excentricidades económicas de Podemos, a los caprichos inconstitucionales de los separatistas, y en todo y a todos los que han votado a favor de su investidura. 

Sánchez ha llevado al PSOE al punto más bajo de su historia democrática. Ha pagado su aspiración a la Presidencia al precio de la humillación de su partido, al que ha vendido a precio de saldo a Pablo Iglesias. Una victoria fácil para Podemos, porque el caballo estaba dentro de Troya: era la ambición desmedida y la soberbia del Presidente. La ambición del torpe y la soberbia del lerdo son mucho más peligrosas que las del inteligente. Éste se venderá caro pero el primero se vende barato a él, a los suyos y al país si hace falta.

Las limitaciones de Sánchez han permitido a Iglesias comprar barata la vicepresidencia y lo que haga falta. Incluso al punto de diseñar una política económica netamente comunista: subida de impuestos a las rentas altas y a las empresas, derogación de la reforma laboral, aumentar el salario mínimo, controlar a las compañías eléctricas, y regular el precio de los alquileres. El resultado de este ataque al libre mercado no puede ser otro que la drástica reducción del crecimiento económico, y por consiguiente, aumento del paro y fuga de los inversores por la incertidumbre. 

Ha cerrado también un acuerdo con el PNV que se resume en:"Poner en marcha las reformas necesarias para adecuar la estructura del Estado al reconocimiento de las identidades territoriales". Esto supone aumentar la transferencia de competencias al País Vasco, regalar Navarra a los nacionalistas, sacar a la Guardia Civil de la Comunidad Foral, y hasta facilitar que las selecciones vasca y catalana compitan en torneos internacionales.

A ERC le ha entregado el sometimiento de la justicia y la despenalización, casi completa de su Golpe de Estado. Les asegura celebrar una mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalidad para resolver "el conflicto político", y un "referéndum" en Cataluña sobre los acuerdos que alcance esa mesa. 

A los proetarras de Bildu de los que dijo que jamás se entendería porque callaron o jalearon el asesinato de 900 personas y defiende la ruptura de la Constitución, ahora los legitima en un ejercicio de desmemoria intolerable.

Seguramente hubiera sido criticable que el líder de un partido defendiera todo esto antes de las elecciones, pero hubiese sido decente y honesto hacerlo, pero es que Sánchez no solo escondió esos planes, sino que presumió de aplicar justo lo opuesto antes de pasar por las urnas.

Hace años un político de raza señalaba que la política en España no gira en torno a servir al interés público, ya que lo único importante es demostrar "quién manda". Esto consume las principales energías de los partidos y dificulta que sus dirigentes empleen el tiempo necesario en diseñar estrategias "de Estado", o en formarse para mejorar su liderazgo. Lo único importante es el poder, y una vez conseguido, ejercerlo y no compartirlo. El tipo de personas que sirven a ese fin no siempre son las más presentables, lo que parece definir bien el perfil de Sánchez.

Nos ha mentido y está vendiendo el oaís sin escrúpulos, negociando hasta los pilares del Estado. Carece de más horizonte que atrincherarse en La Moncloa, sin disimular que su interés no es representar a los españoles en su conjunto sino sólo a los que le han votado. Sus excesos, arrogancia y autocomplacencia serán su sentencia, porque se puede engañar puntualmente y no pasar nada, hacerlo durante mucho tiempo y tener suerte, pero no permanentemente. 

La oposición de centro derecha tiene que reaccionar. Ya basta de más de lo mismo. No ha servido para nada la renuncia de principios ideológicos esenciales para ganarse la palmadita en la espalda de la izquierda. Debe organizarse en torno a proyectos sólidos de unidad, sin caer en personalismos, y prepararse para la batalla ideológica frente a una coalición que no sabrá gobernar España, pero sí le hará todo el daño posible.

Somos una gran nación y un Estado fuerte, y sin duda encontraremos la manera de resistir el desafío encabezado por quien debiera ser su primer apaciguador. El teórico bombero es un peligroso pirómano, y no hay fuego que le parezca suficiente.

Mi reino por un caballo
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