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El ser humano y los sentimientos

HACE UNOS días y casi por casualidad vi una película que me llamó especialmente la atención. Se trata de 'Equilibrium', un film de ciencia ficción de 2002, escrito y dirigido por Kurt Wimmer, que se convirtió tras su estreno, en una película de culto, a pesar de su estrepitoso e injusto fracaso comercial, y a tener que esperar años para que le llegase el éxito gracias al boca a boca y a su distribución en internet. 

La acción transcurre en un futuro distópico en el que, tras la 3ª guerra mundial, se piensa que el origen de todos los males se encuentra en las motivaciones y sentimientos humanos, de modo tal, que si quieren evitarse los errores del pasado han de erradicarse estos totalmente. 'Equilibrium' nos sitúa en una sociedad donde la gente no siente nada gracias al Prozium una sustancia que todos se inyectan a diario para anestesiar sus emociones, además tampoco se permite el cine, la literatura, la música, el arte en general y ni tan siquiera las mascotas.  

La película recibe muchas influencias de las novelas 'Farenheit 451' de Bradbury, '1984' de Orwell, un mundo feliz de Huxley y la película 'Matrix', y nos da la oportunidad de reflexionar acerca de si los sentimientos, sean de la clase que sea, son o no lo que verdaderamente determina nuestra naturaleza y condición humana.

El ser humano es realmente ser humano, cuando sufre, se equivoca, o se enfrenta a la muerte. También, cuando mira hacia atrás y siente el peso de su pasado, y cuando mira hacia adelante con angustia por lo que vendrá, aceptando las adversidades que le salgan al camino. Para esto hay que saber que el hombre no solo es una maquinaria biológica que nace, crece, se reproduce y muere.   

El neurólogo António Damásio, un extraordinario divulgador científico, despliega en su última obra 'El extraño orden de las cosas', un enorme sentido común, al sostener que incluso antes de la razón, estuvo la emoción, y que de ahí surge nuestra cultura. Sostiene que antes de cada gran avance intelectual no hubo un reto de la razón, sino un “sentimiento irreprimible que necesitábamos dominar por una simple cuestión de supervivencia y mejora de la especie”. "Lo que hacemos no lo hacemos para estar vivos, pues para estar vivos nos bastaría con respirar y alimentarnos, lo hacemos para sentirnos vivos. Y como se trata de sentir, no es suficiente con el intelecto".

Es evidente que Dante escribió 'La divina comedia' movido por el amor, que Beethoven compuso sus sinfonías agobiado por su sordera, y que no sería posible la literatura de terror sin el interés por lo misterioso de Lovecraft. Ni estos, ni otros artistas, crean sólo para poner a prueba sus capacidades intelectuales. 

Afirma Damásio que "a nadie en el mundo de las artes hay que explicarle que los sentimientos nos hacen ser lo que somos, pero en la ciencia, sobre todo en las ciencias físicas y algunas humanas, como la psicología, hay una larga tradición de negar el sentimiento. Y ahora más que nunca, los gobiernos apoyan aquellas disciplinas que facilitan el crecimiento económico: matemáticas, ingeniería... Es por eso por lo que no hay apenas dinero para música o humanidades". 

La capacidad de entender los sentimientos parece ser lo que realmente nos define como personas y nada puede hacernos más humanos que emocionarnos con la música, un amanecer, una obra de arte, o las primeras palabras de un bebé.  

El ser humano y los sentimientos
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