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Rayarse o rallarse, o el camino hacia la brecha digital

Me gustaría que fuese necesario ponerles a los productos tecnológicos una leyenda parecida a la de los medicamentos advirtiendo de los efectos secundarios que pueden producir.

La tecnología puede provocar reacciones de todo tipo en las personas, en organismos públicos y en las empresas. Reacciones que generalmente no son nada beneficiosas para la más que necesaria, aunque yo catalogaría de obligatoria, transformación digital. 

La tecnología puede incluso provocar reacciones alérgicas que pueden derivar en un choque anafiláctico y acabar en un colapso inminente. 

Si me permiten un lenguaje llano pero expresivo, tengo que decir que no es lo mismo "rayarse la cabeza" cuando intentamos aplicar tecnología en cualquier ámbito de la vida de las personas, que puede derivar en la tristemente conocida parálisis por el análisis, es decir, una forma activa de procrastinación. O lo que es lo mismo, ese momento en el que le damos vueltas en la cabeza a distintas soluciones tecnológicas que nos ayudarían a mejorar nuestro “estatus quo” para finalmente no tomar ninguna decisión. 

Mientras que "rallarse la cabeza" es una manera en mi opinión de esmerilarse el cerebro a la hora de decidir si tengo que aplicar tecnología o no, buscando razones para no hacerlo, seguramente catalogando cualquier solución tecnológica erróneamente como gasto, en lugar de considerarla como una inversión. 

Gasto o inversión, inversión o gasto, dos palabras de cuya elección va a depender el futuro de muchas empresas. Elegir correctamente marcará la diferencia entre el éxito o el fracaso, entre la inviabilidad y la posibilidad, en definitiva, elegir entre la supervivencia o la muerte. 

Sinceramente no creo que sea la solución rallarse o rayarse, tampoco pasa por preocuparse, sino por ocuparse y proceder. 

Es más que seguro que la tecnología es la mejor inversión material que puede realizar una persona, organismo o empresa para no caer en la temida brecha digital que en la mayor parte de los casos provocará una fractura más grande que la que produce el Gran Cañón de Colorado en el desierto de Arizona. 

Si me permitís otra licencia para el uso del estilo coloquial que tanto acerca los conceptos a las personas, la tecnología es la mejor vacuna para fortalecer las empresas ante las bacterias y virus que invadirán el ecosistema empresarial el año que viene. El virus del descenso del consumo, la bacteria de la caída de la productividad. Virus y bacterías que precisarán también remedios para combatir las infecciones que irán directas a la cuenta de resultados de la compañía y que provocarán lesiones tan graves como el aumento del paro, la quiebra de las empresas, y en definitiva el avance de la pobreza del país. 

Así que ahora toca ya "ponerse las pilas" y proceder a hacer nuestras empresas más competitivas a través de la tecnología.

Rayarse o rallarse, o el camino hacia la brecha digital
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