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Acuerdo salarial

EL AÑO 2017, antes de irse, dejó la recuperación de la cultura del pacto que tuvo una buena expresión en la firma de la subida del salario mínimo entre el Gobierno y los agentes sociales que será del 20 por cien de aquí al 2020 y beneficiará a más de medio millón de trabajadores, unos 30.000 en Galicia.

Es una buena noticia, pero de más alcance mediático -esa foto interesaba a todos los firmantes que importancia real para los trabajadores porque la subida del 4 por cien para este año significa 30 euros al mes o un euro al día, que es menos de lo que cuesta un café. De verdad, los miembros del Gobierno y de la patronal, los sindicatos y los empresarios ¿pensaron alguna vez como se puede vivir con 735,9 euros al mes?

Pero, dicho en lenguaje coloquial, menos da una piedra y este acuerdo puede ser relevante si actúa como palanca para la recuperación de los sueldos, tan devaluados en los últimos años. La mayoría de los asalariados soportaron el peso de la crisis y perdieron tanto poder adquisitivo que la propia sociedad creó la figura de los trabajadores pobres aquellos a los que, en palabras del movimiento indignado, "le sobra mes para tan poco sueldo".

El capitalismo tiene sus leyes, que son frías. Exige siempre productividad de primera y a cambio ofrece salarios de tercera. A veces ni eso, porque tras la reforma laboral, en el mercado de trabajo se instaló la precariedad contractual —en Galicia más de un tercio de los contratos no llegaron a una semana de duración en 2017— y salarial. Y la precariedad —un granero de votos para los populismos—, cursa con desigualdad creciente y pobreza real que en tiempos de bonanza es un insulto a los trabajadores a los que, para más escarnio, casi se les exige estar agradecidos por trabajar.

Por eso, si la recuperación económica es real, como parece, ya es hora de introducir las correcciones necesarias para crear empleos estables retribuidos con salarios dignos para que el crecimiento de la economía llegue a los hogares de los trabajadores.

Mientras esto no ocurra, no se puede afirmar que "la recuperación se nota cada vez más en la vida de los ciudadanos", como dice el discurso oficial. No es verdad. Que pregunten en la mitad de los hogares gallegos que, según el IGE, llegan con dificultad a fin de mes, no pueden hacer frente a un gasto imprevisto, recurrente en cualquier hogar, y si piensan vacaciones o en el futuro solo tienen la posibilidad de soñar. Porque es gratis.

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