Opinión

La campaña en Bruselas

La semana pasada Sánchez y Feijóo trasladaron la campaña a Bruselas, donde el presidente expresó su inquietud si llega al poder un gobierno PP-Vox y el jefe de la oposición denunció el ninguneo por parte del Ejecutivo en asuntos considerados de Estado. 

Por partes. El presidente y sus ministros denunciaron que el jefe de la oposición iba a Bruselas a hablar mal del Gobierno atentando contra la buena reputación de España. Sin entrar en el análisis de todo lo dicho por Feijóo es posible que tuvieran razón por algunas de sus declaraciones. 

Pero hete aquí que el mismo presidente del Gobierno ofendido se convirtió en ofensor y arremetió contra el PP y su presidente. Agitó el fantasma del miedo y en modo apocalíptico dijo que "si cambia el rumbo es posible que España eche el freno a la economía, que va como una moto". Como Luis XV, "después de mí, el diluvio", si él pierde las elecciones caerán sobre España las siete plagas de Egipto. 

Dijo también que varios líderes europeos están ‘contrariados’ por los pactos del PP con Vox. ¿Estarán igual de contrariados esos líderes por los gobiernos de Italia, Suecia, Finlandia, Hungría, Polonia y de otros países escorados a la derecha? Cuesta mucho creer que el canciller Scholz o el presidente Macron estén preocupados porque Extremadura tenga un consejero de Vox. 

Esos días también estuvo en Bruselas Feijóo. Negó que la economía vaya como una moto a la vista de las cifras de paro, déficit, deuda o desigualdad, y denunció el ninguneo del Gobierno hacia él negándole información sobre la presidencia europea. 

También denunció no tener información de la política con Marruecos, ni de los Fondos Next Generation que Europa concedió para trasformar y diversificar nuestro modelo económico. "Toda la información que tengo de los fondos, lo gastado y lo comprometido, es a través de la prensa", apostilló Feijóo. 

Es una anomalía democrática que el Gobierno no informe al jefe de la oposición de la presidencia europea, de las relaciones con Marruecos, de la gestión de los fondos y de otros asuntos de Estado que Feijóo tendrá que gestionar si gana las elecciones. Como  no es normal que el presidente del Gobierno no tenga una comunicación permanente con el líder de la oposición sobre los grandes asuntos del país y ambos vivan en una permanente confrontación en la que predomina el desdén, el desprecio y hasta el odio que se profesan. 

¿Es una maldición caída sobre España que estos dos dirigentes no compartan ideas y proyectos para hacer frente a los problemas de España? Sinceridad obliga: yo no tengo respuesta.

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