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Cazadores de títulos

La regeneración pendiente de la vida pública debe ir más allá de los políticos que roban. Es necesario empezar a limpiar el conjunto del sistema

LAS CONCENTRACIONES de cazadores del domingo me parecieron una metáfora de la cacería abierta para encontrar biografías políticas falsas cuya aparición se celebra con disparos dialécticos que activan el ventilador de las miserias de los políticos.

Los partidos son poco rigurosos al seleccionar a sus dirigentes, tan solo les exigen lealtad. Esa poca exigencia llevó a jóvenes y talludos sin título académico ni experiencia laboral —no cotizaron a la seguridad social— a abrigarse bajo distintas siglas partidarias.

Ocurre que al llegar a la política suben en la posición social y echan de menos el título que nunca tuvieron. En ese momento algunos lo inventan para enriquecer su currículo y crear una aureola de intelectualidad que impulse su carrera política.

La nómina de falseadores es larga y viene de lejos —Roldán, Guerra, Juana Ortega, Elena Valenciano, Tony Cantó, Moreno Bonilla…— sin que nunca rugieran los leones del Congreso. Hasta el master de Cifuentes que va a ser políticamente mortal para ella y demoledor para la reputación de la Universidad Rey Juan Carlos. Además, siembra dudas sobre la universidad española.

Hablando de universidades, es llamativo que Errejón fustigue con tanta fuerza a Cifuentes pringado como está por cobrar una beca generosa de la universidad de Málaga sin aportación alguna, amparado por un profesor que después fue compensado con un puesto de diputado por su partido. También llama la atención que el socialista Franco Pardo, que presentó la moción de censura, mantuviera ocho años en su biografía oficial el título de matemático que no tenía.

En Galicia la marea falsificadora alcanzó a Juan Merlo, secretario de Organización de Podemos, obligado a dimitir por su partido que no tiene el mismo nivel de exigencia con la diputada Quinteiro. Seguro que aparecerán más piezas en esta peculiar cacería política.

Que una universidad regale títulos, otras regalen becas o pierdan rigor académico irrita a todos los padres que buscan en estas instituciones la formación que abra el porvenir a sus hijos. Y que un político exhiba un curso de unas horas como un master de Harvard y otros cuelguen el título de matemático, ingeniero, filósofo o pedagogo irrita a los millones de españoles que lo consiguieron con mucho esfuerzo, intelectual y dinerario.

De lo dicho se deduce que la regeneración pendiente de la vida pública debe ir más allá de los políticos que roban. Es necesario empezar a limpiar el conjunto del sistema.

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