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Decisiones judiciales

MIENTRAS CASI todos nos entreteníamos con el análisis de la sorpresa electoral de EE.UU. y otras historias menores conocimos la noticia desgarradora de la violación reiterada de una niña de 15 años en el pueblo abulense de San Bartolomé de Pinares. 

La descripción de los hechos –sin entrar en detalles– es espeluznante. La primera parte cuenta la detención de su madre, de su compañero, del hijo de este y de un cuarto hombre "por haber violado sistemáticamente, golpeado y manipulado emocionalmente" a la pequeña durante dos años. 

Pero tan sobrecogedor como ese relato es que un Juez de Ávila decretara –segunda parte de la noticia– la libertad para los cuatro detenidos hasta que concluya la investigación, se abra juicio a los encausados y se dicte sentencia. A los tres hombres se les imputan los delitos de abuso y agresión sexual, pornografía infantil, malos tratos y corrupción de menores. La madre, que agredió a su propia hija "física y verbalmente", será acusada de no impedir unos hechos que conocía. Con tantos y tan claros indicios, ¿no sería más justa la prisión provisional? Da la impresión que el sistema garantista protege más a los delincuentes que a las víctimas. 

"La ley está hecha para el roba gallinas", no para seres repugnantes como los violadores de la niña abulense de 15 años. Tampoco para los corruptos

Dejar en libertad a estos desalmados es más incomprensible aún si se compara con la severidad de la justicia con jóvenes que un mal día cometieron el desliz de robar unos euros, una bicicleta o manipular una tarjeta de crédito y años después, ya rehabilitados, ingresaron en prisión. Cunde la sensación de que, en palabras del presidente del Supremo, "la ley está hecha para el roba gallinas", no para seres repugnantes como los violadores de la niña abulense. Tampoco para los corruptos. 

Dicho esto, acatamos las decisiones judiciales pero que nadie nos pida que compartamos la del juez de Ávila. Seguro que fue dictada conforme a derecho, pero los violadores que destrozaron la vida de la niña andan sueltos y es espantoso pensar que estos individuos pueden continuar violando y vejando a la pequeña a diario, salvo los días 1 y 15 de cada mes en los que han de presentarse en el juzgado. 

Ocurrió en Ávila, aquí a nuestro lado y no es un caso aislado. Por eso llama la atención que no se produjera reacción alguna en esta sociedad que se conmueve, con razón, con la violencia de género o con la muerte por pobreza energética, pero permanece impasible –movimientos feministas incluidos– ante el drama de esta niña y otros casos de abuso de menores. 

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