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El cambio era el pacto

EN EL debe del balance político de este año figurará el tiempo perdido con el bloqueo que paralizó al país, pero en el haber hay que anotar que PP y PSOE entendieron el mensaje de las urnas que exigen otra forma de hacer política.

Aquellas elecciones de diciembre de 2015 decretaron el fin del bipartidismo y la imposibilidad de formar Gobierno por la poca cultura del pacto hasta que, después de la ‘segunda vuelta’ de junio, se recuperó la cordura. En el PSOE se percataron de que el "no es no" del obcecado anterior secretario debe ser una premisa de partida para dialogar y acordar y en el PP entendieron que ya no tienen mayoría absoluta.


Acordar no es claudicar y PP y PSOE tardaron tiempo, pero al fin aprendieron que el cambio que votaron los españoles era el pacto


Entró en escena el concepto de negociación que se materializa en un "yo gano, tu ganas", ganan los dos partidos mayoritarios con el pacto tácito de no agresión y el pacto expreso de ayuda mutua que ambos necesitan para neutralizar-aislar a los recién llegados y recuperar el poder perdido.

Con ese pacto los socialistas obtienen tiempo para reconstruirse, recuperan el papel de "oposición eficaz" que doblega al Gobierno y consigue logros importantes para los ciudadanos: derogación o reforma de leyes aprobadas por el PP, la subida del salario mínimo, el fin de la pobreza energética, la supresión de las reválidas… Transmiten la imagen de tener más iniciativa y fuerza de la que les corresponde por el número de escaños. Por su parte el PP, apuntalando al PSOE, rompe el bloque opositor y consigue estabilidad para gobernar con el barniz de la moderación y capacidad de diálogo que perdió aplicando el rodillo de la mayoría absoluta.

Y el país, ¿qué gana? La entente cordial entre Moncloa y Ferraz, si el PSOE no regresa a la veleidad de parecerse a Podemos o pretende derogar todo el trabajo del PP, aporta estabilidad para afrontar problemas como el desafío soberanista, la financiación autonómica o las pensiones, y para acometer las reformas de la Constitución, de las leyes electoral y de Educación y más ajustes necesarios.

Si los dos partidos siguen por la senda del diálogo y entendimiento, esta ‘coalición de facto’ —¿será posible también en Galicia?— acredita que el país es gobernable y puede significar el regreso del bipartidismo que gobernó desde la Transición con más luces que sombras.

Acordar no es claudicar y PP y PSOE tardaron tiempo, pero al fin aprendieron que el cambio que votaron los españoles era el pacto. Y en política, como en la vida, bien está lo que bien acaba.

El cambio era el pacto
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