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Impresiones de la campaña

Estos políticos en campaña son como grafiteros que están embadurnando el país de intransigencia y odio, único ideario que transmiten a la sociedad

s on impr esiones a vuelapluma de esta campaña electoral,tan zafia en las formas y pobre en el fondo, como vacía de contenidos y argumentos. Es la campaña más polarizada, crispada y violenta de las vistas hasta ahora.

En los mítines y en la red se escuchan y leen promesas descabelladas y pocas propuestas de gobierno coherentes y viables. Pero abundan los insultos, las descalificaciones y la violencia verbal y física hacia candidatos, agredidos en espacios públicos. Como el escrache a Cayetana Álvarez y Maite Pagaza en la Autónoma de Barcelona, el ‘recibimiento’ a Ciudadanos en Rentería, el acoso a Vox en Bilbao y San Sebastián y el hostigamiento recurrente a Inés Arrimadas.

Es el veneno del independentismo y de los nacionalismos -totalitarios, excluyentes y supremacistas- que unido a la crispación de los líderes de los demás partidos reparten insultos, intolerancia y rencor.

Parece como si, de pronto, desapareciera la paz social y la convivencia armónica que disfrutamos desde la Transición y estuviéramos asistiendo a un triste revival de las dos Españas —el ‘duelo a garrotazos’ de Goya en versión moderna— entre los nietos de los vencedores y de los vencidos que reabren las viejas heridas que los abuelos de unos y de otros cerraron en la Transición. 

No es políticamente correcto decirlo, pero estos políticos en campaña son como grafiteros que están embadurnando el país de intransigencia y odio, único ideario que transmiten a la sociedad. Contaba una profesora onubense en un periódico que durante 30 años intentó fomentar en sus alumnos la tolerancia y el respeto a quien piensa diferente. Pero "mis alumnos ven como los políticos están enzarzados en un eterno rifirrafe que traspasa los límites de la consideración y el respeto".

La docente lanzaba un grito dialéctico desgarrador: "¡Basta ya de transmitir enfrentamiento! No les pido ayuda, simplemente que no nos lo pongan difícil a los que trabajamos por crear una España tolerante y abierta".

La carta es de 2016 y tres años después los políticos fueron a peor, están más crispados y enfrentados —vean los debates de hoy y mañana—, se lo ponen difícil a educadores y son un mal ejemplo para los escolares y para los que queremos una España de la tolerancia y la concordia.

Parafraseando al politólogo Steve Levitsky, perdieron la capacidad de poder hablar civilizadamente de los problemas y alternativas para resolverlos. De verdad, da miedo pensar que en sus manos está el futuro del país.

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