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Juegan con la educación

LA MAYORÍA de los españoles desconocemos cuáles son las competencias de un Gobierno en funciones, pero sí sabemos que, como consecuencia de la falta de Gobierno estable, muchas de las actividades que le incumben están manga por hombro, es decir, en un estado de desorden total o, en el mejor de los casos, paradas en espera de ‘la autoridad gubernamental’ competente. 

Un sector seriamente perjudicado por la incomprensible paralización política es el educativo. En Galicia se incorporan hoy a las aulas los escolares de la Eso –el miércoles lo harán los de Bachillerato– y seguro que la jornada lectiva se desarrollará con plena normalidad porque el sistema educativo gallego está razonablemente bien dotado y gestionado. Pero la labor eficiente del Conselleiro Román Rodríguez no puede despejar las incógnitas que escapan a su control y llenan de incertidumbre al contexto educativo que conforman profesores, alumnos y padres. 

Se sabe que la Lomce, la ley de educación impuesta y ampliamente rechazada, tiene fecha de caducidad, pero, ¿seguirá aplicándose este año?

Se sabe que la Lomce, la ley de educación impuesta y ampliamente rechazada, tiene fecha de caducidad, pero, ¿seguirá aplicándose este año? Es especialmente indignante que los escolares de 4º de la Eso y de 2º de Bachillerato –y sus profesores– se sienten hoy en los pupitres y no sepan si van a tener que realizar las polémicas reválidas que contempla la cuestionada Ley o, en el caso de los alumnos de bachillerato, qué otra prueba deberán superar para poder acceder a la universidad en la que se juegan gran parte de su futuro académico y profesional. 

Todo está en el aire. Alumnos y profesores empiezan las clases en un limbo pedagógico, una prueba más del caos en el que está sumida la educación en España, imputable a los sucesivos gobernantes que jamás se sentaron con las demás fuerzas políticas para alcanzar un pacto de Estado en esta materia, que es determinante para el futuro del país. 

El desconcierto de este comienzo de curso es un ‘efecto colateral’ perverso de la insólita situación de desgobierno que crean los mismos líderes políticos cómodamente instalados en sus escaños. Se les llena la boca hablando de educación, pero no les preocupa que el vacío de poder causado por sus intereses, por sus odios y rencores, cree en la enseñanza esta incertidumbre que utiliza a los escolares como si fueran cobayas de laboratorio. 

Tristemente, juegan con la educación, que nunca estuvo entre sus prioridades porque, en su mediocridad, son incapaces de comprender que el futuro del país empieza en las escuelas.

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