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La autovía de las nieblas

ESCRIBIÓ CASTROVIEJO en Galicia, guía espiritual de una tierra –Espasa-Calpe, 1960– que "de Villalba a Mondoñedo resulta muy bello caminar" y el viajero se encuentra "con el paisaje de la Terra Chá y las cumbres oscuras y desnudas de la Corda... hasta que llega a la episcopal Mondoñedo". Sesenta años después, quien quiera ir a la capital de una de las siete provincias de Galicia puede desplazarse con más comodidad por la A-8.

Pero no puede hacerlo siempre. Esta vía de comunicación que abre Galicia al Cantábrico tiene un tramo en el alto de O Fiouco que transcurre literalmente entre nubes, a 700 metros sobre el nivel del mar, y periódicamente aparece cubierto por una niebla densa que dificulta la visión y hace imposible circular. Cuando esto ocurre –más de 30 días al año, la última vez ayer, martes– el viajero ha de volver al paisaje montañoso de la nacional 634 que "enmarca A Terra Chá por el norte", como describía el Señor de Tirán.

La elección del trazado por el Alto de O Fiouco, un terreno accidentado, geotécnicamente muy complicado, y dominado por nieblas persistentes y vientos fuertes, fue una decisión fatal

De todo esto se concluye que la elección del trazado por un terreno accidentado, geotécnicamente muy complicado, que está dominado por nieblas persistentes y vientos fuertes, fue una decisión fatal.

Dicho en román paladino, una chapuza que nunca se hubiera hecho si los técnicos que planificaron la obra y los políticos que la encargaron consultaran a los Homes de tras da Corda, los lugareños que inmortalizó Carlos Reigosa, que conocen bien el Cordal de Neda, "unha serra de montes vellos que percorre os lindeiros de Abadín e A Pastoriza, uns montes labirintos de néboa para quen ousa písalos sen coñecelos e se perde neles".

Esa néboa debió nublar la inteligencia de los ingenieros que desde una oficina decidieron el trazado por el Alto de O Fiouco sin percatarse de que A Corda, dice Reigosa, "sabe moito dos seus e acólleos benigna, pero é cruel cós alleos, cós extraños" que no la respetan. Como hicieron los ingenieros y políticos.

Hace unos días fueron allí las autoridades a enseñar un sistema de balizas inteligentes en un tramo de 500 metros y dicen que buscan otras soluciones más complejas y costosas para mantener la autovía operativa todo el año o reducir al mínimo los días de cierre. Ojalá las encuentren para que la inversión millonaria sea útil para Galicia.

Y a ver si aprenden que antes de ejecutar un proyecto nacido en los despachos deben contrastarlo con la sabiduría ancestral de los gallegos que viven "a carón de todalas cordas". Es la lección que debe evitar que se cometa otro error como el de O Fiouco.

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