Opinión

En el Olimpo del fútbol

El domingo 20, cuando me senté ante el televisor para ver la final del Mundial femenino, mientras transcurrían los primeros lances de juego me acordé de miles de niñas que no pudieron practicar el fútbol que les gustada a rabiar por un machismo irredento que las miraban con desdén, las rechazaba alegando que era "un deporte de hombres" e incluso las insultaban llamándoles marimachos. También me acordé de las precursoras, las que siguieron peleando y venciendo todos los obstáculos -ahí está nuestra Vero Boquete- que practicaron "su deporte" en condiciones tan precarias y lamentables que hoy asustan e indignan.

Y no hay que retroceder muchos años. El 2011 cuando las jugadoras del Rayo Vallecano femenino ganaron la Superliga lo hicieron sin gimnasio, sin médico y sin sueldo. "Todo se ha conseguido con el esfuerzo de las jugadoras. Sin cobrar. Solo se ha logrado por su trabajo", dijo entonces su entrenador Joserra Hernández.

Por eso, el partido contra Inglaterra tenía el carácter de denuncia y de pelea. Denuncia porque son muy pocas las futbolistas españolas cobran un salario que les permite subsistir. Pelea porque han tenido que "pelear contra todos los elementos" y, como casi siempre les ocurre a las mujeres, tuvieron que redoblar esfuerzos para llegar a donde están.

"La mayoría de las que estamos aquí hemos crecido pensando que el fútbol era un lugar que no te pertenecía, han puesto los peores horarios, te ha entrenado gente que no estaba preparada… Si esto sirve para que sepan que este lugar también es nuestro y somos sus referentes, eso nos hace felices", dijo la jugadora Irene Paredes.

La clave de este triunfo fue su lucha permanente para ejercer este oficio, que era su verdadera vocación. Con su mérito, con su esfuerzo y con su talento tratando al balón, las jugadoras de la selección alcanzaron la gloria venciendo a Inglaterra y son leyenda para siempre en el Olimpo del fútbol.

Ahora, son muchos los que se suben al carro de las vencedoras, pero, en palabras del escritor Antonio Agredano, esta copa es solo de ellas. De su convicción, de su aguante y de su valentía, de sus músculos cansados, de sus moratones en los costados y de sus huesos rotos en el camino. De todos sus sacrificios.

Estas heroínas nos regalaron un título. Pero el mejor regalo es que las niñas ya pueden soñar con un balón y unas botas de fútbol y con divertirse celebrando goles. Las campeonas han conseguido acallar las bocas del machismo y que los sueños de millones de pequeñas se hagan realidad practicando el deporte que les gusta. ¡Gracias campeonas!

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