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Reaparición y despidos

Dicen las crónicas que en la reaparición del líder de Podemos, el recinto abierto de la plaza del Museo Reina Sofía "olía a cerrado", a ideas viejas; que los "representantes de la gente" que actuaron como teloneros no aportaron medidas distintas a las escuchadas cientos de veces; y que el líder, que apareció algo desaliñado, perdió fuerza y capacidad para ilusionar a los suyos.

Fue un acto programado para la mayor gloria del jefe que vuelve para recuperar la moral de la tropa y el sentido de pertenencia al grupo y, como Moisés, viene a rescatar al pueblo, "a los de abajo", de las garras de la "casta" que ahora agrupa en un colectivo que llama "los poderosos".

El reaparecido descubrió la Constitución, pero era el Iglesias más radical que arremetió contra las 20 familias que "tienen más poder que los diputados"; lanzó dardos contra los tres partidos que se manifestaron en la plaza de Colón; criticó el sistema parlamentario y embistió contra la banca, los medios de comunicación y los empresarios, todo aderezado con una suave autocrítica "por haber decepcionado a mucha gente con nuestras peleas internas…".

Identificados los enemigos, espera ponerlos en fila a partir del 28-A porque "después de tres meses limpiando culos estoy preparado para ser presidente del Gobierno", dijo en una cadena de TV. ¿De verdad cree que este discurso envejecido sirve para para ‘asaltar los cielos’ e inspira confianza para sacar al país adelante?

Comentario aparte merece el "despido procedente" de 11 trabajadores con indemnización de 20 días por año que el partido ejecutó por "la necesidad acreditada de amortizar puestos de trabajo por causas organizativas y económicas…". Podemos se acogió a las "causas objetivas" de la normativa vigente de la reforma laboral de Rajoy, que le permite despedir pagando la indemnización mínima.

Es legal y están en su derecho, pero suena mal. No encaja con la petición de derogación de la reforma laboral que Podemos pidió en el Congreso para evitar despidos por estas causas, ni encaja con su objetivo de rescatar y proteger "a los de abajo" que, al menos, deberían percibir una indemnización mayor.

Dicho en Román paladino, las reformas de la derecha sirven cuando conviene. Conocí a un carterista que esquilmaba a los desaprensivos desde su progresía, de la que presumía, y cuando se le reprochaba su actuación contestaba displicente: "yo soy de izquierdas, pero para vivir necesito el mundo capitalista". Pues eso.

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