Opinión

Un real discurso

En su discurso de Nochebuena el Rey podía ‘entretenernos’ con las tensiones políticas internacionales o con consideraciones sobre los problemas que nos acompañan a diario: la sanidad y la educación, el empleo y las pensiones, el problema de la vivienda… 

Pero el monarca, consciente de que España está pasando por uno de los momentos más difíciles de su reciente historia —una etapa crispada y disgregadora— estableció prioridades y envió a los españolas el mensaje más trascendente de los pronunciados en los diez años de reinado.  

Sin salirse de la neutralidad que le exige su papel de jefe de Estado, optó por dirigir a los españoles un mensaje directo y clarificador centrado en las dos cuestiones que en este momento necesitan ser ‘pensadas’ y tratadas con urgencia: la Constitución y la unidad de España.  

La Constitución, dijo el monarca, es el mayor éxito político de nuestra reciente historia. Consiguió que superáramos la división y las heridas que dejó el pasado, propició los mejores años de convivencia, de estabilidad, de bienestar y prosperidad y sigue garantizando la justicia y el equilibrio entre los poderes del Estado. "Fuera del respeto a la Constitución no hay democracia, no hay libertades sino imposición, no hay ley, sino arbitrariedad…, no hay paz, igualdad y libertad". 

Y junto a la Constitución, España. "La unidad de nuestro país es la razón última de nuestros éxitos y progreso… y será la clave para que podamos afrontar los serios y complejos retos de futuro a los que se enfrenta España… que seguirá adelante. Deberíamos tomar conciencia del gran país que tenemos para sentirlo más y cuidarlo entre todos".  

El discurso real fue tan denso en contenidos que se le puede aplicar la expresión coloquial "ni faltó, ni sobró, ni hubo bastante", es decir, fue una pieza cabal, precisa, que alcanzó el objetivo de recordar que la Constitución es la piedra angular que establece los principios, derechos y deberes que nos rigen como una nación. 

El Rey nos interpeló a todos, a dirigentes y ciudadanos, y lo hizo con una claridad meridiana. Pero algunos políticos reaccionaron al dictado del dicho gallego "predícame frade que por unha orella me entra e por outra me sae". 

Ahí están los cinco grupos independistas que apoyan al Gobierno —reúnen el 6,5 por ciento de los votos— y Sumar que rechazan la Constitución y, en consecuencia, el discurso del Rey con los mismos argumentos de los años anteriores. Llama la atención también que se atrevan a hablar en nombre de todos los españoles sin vergüenza alguna. Parafraseando al conde de Romanones, ¡joder, qué tropa!

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