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Disfrutad los últimos coletazos

LO DEJÉ caer, medio de refilón, en esta misma sección hace un par de semanas, pero creo que la cuestión bien merece una más extensa reflexión. Por lo que tiene de contradictorio. Y de injusto. Hablo del bulo ese que tienen los platós y los programas de televisión para saltarse la norma de la obligatoriedad del uso de la mascarilla amparándose en el aviso de que todos los allí presentes se han hecho las correspondientes PCRs y test serológicos.

El último caso en el que tenido oportunidad de comprobarlo fue en una reciente emisión de Masterchef. Allí estaba todo dios, presentadores, concursantes, invitados, familiares…, tanto en exteriores como interiores, por supuesto, sin mascarilla y sin respetar la distancia de seguridad. Eso sí, con la coletilla bien visible de que todos habían dado negativo en las preceptivas pruebas.

Bajo esa premisa, entiendo entonces que si yo, como empresa privada, convoco un evento con 200 personas, exigiendo estrictamente a todos la presentación de PCRs y test serológicos negativos realizados en las últimas 48 horas, tendría que poder hacerlo sin ningún problema. Pero hete aquí que no. Que si yo lo organizo, aún bajo esos parámetros, se me cae el pelo. Y no solo a mí. Posiblemente también a los asistentes. ¿Y cuál es la diferencia entre que lo haga una productora de televisión y que lo haga yo? Los dos somos empresas privadas y, por lo tanto, deberíamos atenernos a las mismas normas y reglas. Las restricciones son para todos o para ninguno. Y si excluyes a alguien, págale en compensación. Pero va a ser que no. Que una vez más, las obligaciones son muy distintas para unos y para otros. Y no sé como me las arreglo pero yo siempre estoy entre los que salen perdiendo.

Pero, cuidado, porque si nadie lo remedia, y no tiene pinta, aún podemos perder mucho más. Escuché hace unos días decir a una persona: "Disfrutad de los últimos coletazos de la pandemia, que esto se acaba". Al escucharla esbocé una sonrisa porque no dejó de parecerme una curiosa ocurrencia. Pero me estoy dando cuenta de que el aviso en cuestión tiene mucha más miga de la que yo, en principio, creía. Y que detrás de su aparente tono jocoso hay un trasfondo muy, pero que muy serio.

Algunos datos que estamos conociendo en estos últimos días, en los que por fin parece que cierta luz empieza a asomar al fondo del túnel, no hacen sino acrecentar mi temor de que, salvada la crisis sanitaria –que evidentemente es lo prioritario–, en la parte económica, lo peor es lo que está por venir.

Y a las pruebas me remito. Ya empezamos a escuchar hablar de subidas de impuestos. Parece ser que ya no solo vamos a tener que pagar por las autopistas sino también por utilizar las autovías. También se especula con el final de los Ertes… Asusta, realmente asusta.

Y lo que más me asusta es que todas estas medidas van a ser “armonizadas” –que ya sabemos lo que eso significa– por un comité de expertos formado por 17 personas, que todas ellas cobran del erario público. Es decir, que les va a interesar subir nuestros impuestos porque cobran de ellos. Sin embargo, aquellos a quienes nos los suben, ¿no tenemos nada que decir al respecto?

Insisto, pensar en la postpandemia me pone los pelos de punta.

Disfrutad los últimos coletazos
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