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Pontevedra da mucho y recibe poco

HACE UNOS días hemos conocido que en este 2019 la provincia de Pontevedra ha recuperado el liderazgo en Galicia en cuanto a volumen de exportaciones se refiere. Según los datos del Instituto Español de Comercio Exterior las exportaciones realizadas desde nuestra provincia supusieron el 57% de todas las ventas al exterior de la comunidad gallega.

Gracias a este repunte Pontevedra vuelve a situarse por encima de la provincia de A Coruña en este ámbito. Las ventas al exterior de la provincia de Pontevedra ascendieron a 2.449 millones frente a los 2.310 de A Coruña. 

Se trata de un dato significativo ya que históricamente la provincia del sur siempre había superado en exportaciones a su vecina del norte. A excepción de estos últimos años en los que se había revertido la tendencia.

Desde hace más de un cuarto de siglo Pontevedra ha estado siempre en el ranking de las cinco provincias más exportadoras de España, llegando a alcanzar en algún ejercicio el cuarto puesto. Y la trascendencia del dato es aún mayor si tenemos en cuenta que la mayor parte de los productos que Pontevedra vende al exterior son producidos aquí. Es decir, no somos una provincia que comercializa y distribuye lo que otras fabrican, sino que son nuestros propios sectores productivos los que generan semejante volumen de exportaciones.

Es evidente que la industria del automóvil es fundamental en este ámbito. Según el ICEX supone el 65% del total de nuestras exportaciones. Pero no debemos olvidar la pujanza de otros sectores como el del granito, el vitivinícola, el agrícola o el de la pesca y congelados, más divisas que entran por el turismo.

Pues bien, a la vista de estos datos lo que hace falta ahora es que la provincia reciba de las Administraciones, cuando menos, en proporción a lo que da. Siempre he reivindicado que estos números tienen que traducirse en bienestar para los pontevedreses. Tienen que traducirse en indicadores de calidad en cuanto a salud, educación o infraestructuras. Tienen que revertir en nosotros. Y eso, por desgracia, ni ha ocurrido ni está ocurriendo. Ni siquiera en los tiempos en los que algunos de los principales poderes del Estado estaban en manos de políticos de Pontevedra.

Después hay quien se echa las manos a la cabeza al comprobar que, como ocurrió en las últimas elecciones municipales, el Partido Popular se ha visto por primera vez superado en votos por el PSOE en la provincia. Y en algunas ciudades y municipios de una manera abrumadora.

Efectivamente no deja de ser llamativo que el otrora granero de votos populares haya ido a menos, a menos y a menos hasta perder su hegemonía. Pero es que el agravio comparativo y el olvido que hemos sufrido ha sido constante y muy grande.

Hoy, quizá más que nunca, es necesario ilusionar a los pontevedreses con un proyecto emblemático de verdad. Un gesto que recompense a toda esa gente que tanto se ha esforzado en trabajar, en producir, en generar riqueza a cambio de cero facilidades y sin apenas obtener retorno.

Los pontevedreses hemos dado mucho y recibido muy poco. Recuerdo de niño que ese era el eslogan del Día de la Madre. Hoy los tiempos son otros. Hoy esos errores estratégicos, a la larga, se pagan.

Pontevedra da mucho y recibe poco
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