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Se acabó el buenismo

LOS AMERICANOS han dicho que se terminó su participación en el asunto de la defensa de Occidente. Se han dado el piro entre el estupor generalizado de políticos y periodistas que no dan crédito a lo sucedido en la huida americana de Afganistán. Deben estar los yankees hasta el gorro de sacarle a esta vieja y depauperada Europa, llena de zánganos burócratas y buenistas progres, las castañas del fuego. La cosa pinta mal. Y si Estados Unidos ha salido de Afganistán corriendo, ¿que nos queda a todos los demás? ¿Cómo vamos a defendernos, llegado el caso, si no le dedicamos al Ejercito ni un duro de los Presupuestos Generales del Estado? como tampoco hacen nuestro vecinos europeos. Lo fiábamos todo a la OTAN y a los americanos que ponían el dinero y los muertos. ¿Y, ahora, quien los va a poner?

Recuerdo cuando se finiquitaron desde el Gobierno doscientos años de soldados de remplazo en los Ejércitos españoles. Cambiamos el sistema del reclutamiento forzoso, inventado por los revolucionarios franceses, por un sistema de profesionalización del ejercito que, según los técnicos en la materia, era de lo más moderno y avanzado. Un asunto complejo, en donde todo el mundo opinaba a favor y en contra y que, como siempre, el inexorable paso del tiempo se encargaría de dar y quitar razones. Y me parece que ya las está dando y quitando. Cuando se materializo la reforma, comenzó el reclutamiento de hijos de emigrantes de Hispanoamérica, porque no había mucha demanda en el personal patrio. Además, se tuvo que emplear a guardia jurados para vigilar la totalidad de las Academias del Ejercito de Tierra y otras dependencias militares. Una consecuencia de la falta de vocaciones. Las razones eran varias. Y es que eso de alistarse en la carrera de las armas se consideraba, además de poco progresista, muy escasamente atractivo. Al canario para que cante hay que darle alpiste y al soldado para que firmara el contrato había que ofrecerle una buena retribución que compensase la pésima imagen que en España se había creado, por el falso progresismo y los pacifistas de cartón, de todo lo relacionado con lo militar. Asi que hay que rascarse el bolsillo y además explicarle al futuro soldado que no se va a convertir en un fascista ni en un retrogrado por pegar cuatro tiros a una diana, jurar una bandera y saludar en posición de firmes los acordes del himno nacional español. Ahora, después de lo ocurrido en Afganistán, en donde los terroristas han demostrado que no le tienen ningún miedo a los militares americanos, van a tener que hacer mucho más: defendernos con un fusil.

Se ha denigrado, vejado y humillado a los ejércitos españoles hasta tal punto que hoy a la profesión de las armas no se le da valor social alguno. Pero los ejércitos se necesitan. Y ya es hora de que los buenistas progres que nos gobiernan se den cuenta, antes de que los terroristas les coloquen una bomba en el mismísimo culo. Vamos a tener que invertir el triple de lo que hacemos hoy en nuestras Fuerzas Armadas. Los americanos con tanto «Yankee, go home», nos han mandado a la porra. Estamos solos. A la señora ministra de Defensa van a tener que darle miles de millones de euros si es que quiere contar con un ejército profesional moderno que garantice nuestras fronteras. La defensa de una nación no se hace con notas de protesta ni con cursis «tuits» podemitas.

Se acabó el buenismo
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