Opinión

Ancianos

E s esta España nuestra un país lleno de políticos virtuales que, en vez de solucionarle los problemas a los españoles, se los crean o se inventan otros que a los ciudadanos les importan un comino. Empezamos con el feminismo mal entendido y explicado, las matemáticas con perspectiva de género, el lenguaje inclusivo, los 20.000 millones de euros dedicados a políticas de igualdad en un país en bancarrota, la prohibición de asociar el color rosa con los juguetes para las niñas, pasando por las disculpas disparatadas para justificar los recibos de la luz y del gas y el precio de la gasolina y de las patatas, y acabamos por la menstruación y la abolición de la prostitución. Pero el altísimo nivel de deuda pública y privada, la colosal tasa de paro y el riesgo de pobreza máxima, la inflación, la tradicional baja productividad, el desajuste entre la formación universitaria y profesional y las necesidades del mercado laboral, la rotura regulatoria en este reino de taifas que son las comunidades autónomas, en donde cualquier emprendedor se vuelve tarumba para abrir una peluquería, todo esto, digo, no le importa a nuestro políticos lo más mínimo. Ellos a lo suyo. Uno de los problemas más sangrantes que tiene esta vieja nación, es el trato que se le está dando a nuestros ancianos. Un asunto que si preocupa al contribuyente. Un problema que pone los pelos de punta a poco que se piense y se medite, es la situación de soledad y desamparo por la que atraviesan decenas de miles de ancianos en nuestro país. Aun son muchos los mayores que fallecen en sus domicilios en la más completa soledad. En España hay mas de 9 millones de personas que han superado los 65 años, y muchas de ellas no tienen a nadie que las cuide y acompañe. El asunto esta al cabo de la calle, pero nadie o muy pocos han movido un dedo para afrontar este gravisimo problema, que se esta tratando de solucionar con parches y con la tradicional pachorra celtibérica y el no menos tradicional vicio de nuestros representantes que siguen utilizando la táctica del mirar para otro lado hasta que le estalla el problema debajo del tafanario carnoso y redondeado.

El gobierno, el que sea, tiene que tomar de una vez por todas cartas en esta gravísima situación. Ya se sabe que, hasta ahora, los que mandan abordan siempre estos temas – incluidas las pensiones - con una mezquindad y una tacañería escandalosa. Pero que no se olviden que es el futuro, el inmediato futuro al que todos nos espera y no precisamente con los brazos abiertos, y hay que abordarlo de una vez rascándose el bolsillo lo que haga falta. Y es que el problema se paliaría, seguramente, con voluntad y dinero. Y dinero en España, visto lo visto, hay para todos. Una recaudación fiscal colosal; ayudas multimillonarias a todo el mundo; prestamos que no se devuelven y millones de dólares para toda Hispanoamérica; miles de millones en la normalización y en la inmersión lingüística; auditorios que no se usan y piscinas que no se llenan; museos, bibliotecas, salas de exposiciones, diez o doce por pueblo, con telarañas; subvenciones a libros que nadie lee y a películas que ni se estrenan, etc. etc. Y luego, para encontrar una residencia de ancianos nos vemos negros. Dinero sobra para arreglar el problema de nuestros mayores y para construir las residencias de ancianos que hagan falta. Planificándolo un poco las haríamos hasta con piscina climatizada, baño y jacuzzi.

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