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Blas de Lezo

Es uno de los grandes héroes que ha tenido España, y ha tenido muchos. Un héroe que de haber nacido en otro país con dirigentes serios, formados y orgullosos de su patria, habría sido protagonista de películas y series televisivas. Pero estamos en España y aquí los políticos suelen ser personajes acomplejados, incapaces de defender la tierra en que nacieron, ni sus símbolos más sagrados, ni su gran Historia. El otro día, Santiago Abascal, el líder de Vox, pidió que se produjera una película sobre Blas de Lezo, dada la gran importancia histórica del personaje. Inmediatamente salieron en su contra los titiriteros subvencionados del malísimo y arruinado cine español. "Si Vox quiere que hagamos una historia sobre un conquistador demediado, pues que la hagan ellos. No nos da la puta gana de hacerlo", dijo un tal Borja Cobeaga, muy conocido en su casa a la hora de comer y que dice ser guionista. Un guionista subvencionado con el dinero de todos los españoles, que desprecia y llama demediado a un héroe de la nación. A un español ejemplar que no necesita que ningún saltimbanqui libretista como el tal Cobeaga le escriba ningún guion. El guion de su vida ya lo rubricó, Blas de Lezo, desde muy joven.

Era Lezo un jovencísimo guipuzcoano cuando ingreso en la Armada española como guardiamarina. En muy poco tiempo destaco brillantemente en los muchos combates en los que participo contra los ingleses, perdiendo el ojo izquierdo, una pierna y una mano. Sesenta años antes de lo de Trafalgar, los ingleses enviaron una enorme flota contra Cartagena de Indias para jorobarnos el comercio en el Caribe y tratar de aniquilar el imperio, con perdón, español en América. En el mes de Marzo de 1741 aparecieron por Punta Canoa 186 barcos de guerra británicos bien pertrechados – la Armada Invencible del Rey Felipe II tenia 126 navíos – con dos mil cañones y 24.000 combatientes dirigidos por Sir Edward Vernon. En frente, los defensores de Cartagena con tan solo 3.000 hombres y seis navíos de guerra al mando de Blas de Lezo. Era tan grande la superioridad de las fuerzas inglesas que su jefe, el almirante Vernon, al principiar los combates mando acuñar en Inglaterra unas monedas conmemorativas en las que se veía a Blas de Lezo de rodillas entregándole las llaves de la ciudad y una leyenda que decía: «El orgullo español humillado por Vernon». El hecho es que el tal Vernon después de meses de asedio tuvo que salir huyendo de Cartagena echando leches y con el rabo entre las piernas. Cuando llego la noticia del desastre a Inglaterra su Rey Jorge II prohibió que se escribiese del asunto, mientras por las cancillerías europeas circulaba la medalla conmemorativa entre chanzas y risas.

Si señor, si no es por Blas de Lezo, guipuzcoano de Pasajes, un extraordinario marino y un héroe, noble y honrado, que quería a su patria y estaba dispuesto a defenderla hasta morir, hoy, en Hispanoamérica, conducirían por la izquierda, tomarían el té a las cinco y no quedaría, desgraciadamente, ni un solo nativo de muestra. Mal que les pese a algunos acomplejados, Lezo es, por méritos propios, uno de los grandes protagonistas de la Historia de España. Un valiente, que no necesita que ningún titiritero subvencionado le escriba guion alguno. Y mucho menos el tal Cobeaga que, como se ve, cada vez que habla, la caga. Con perdón

Blas de Lezo
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