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Burla constitucional

Comenzó a liarla el presidente Zapatero después de aquella memorable bajada de pantalones ante el socialista y separatista catalán Montilla por un puñado de votos. Montó tal follón con el Estatuto de Cataluña que no solo no supo cómo salir de él, sino que, encima, nos lo dejo en forma de herencia maldita. Un presidente que pasara a la Historia de España, a pesar del blanqueo de la ONG Periodistas por el Bocadillo, como el máximo responsable de aquel ataque frontal al orden constitucional establecido, que fue votado mayoritariamente por el pueblo español, que es donde reside la soberanía nacional.

De aquella, un 25 de noviembre de 2009, causó vergüenza y un auténtico bochorno, sin parangón en la Historia de los medios de comunicación de países democráticos, el alineamiento con el poder de doce periódicos catalanes, doce, y unas cuantas emisoras de radio que acudieron raudos y veloces al toque de llamada – subvención mediante – del gobierno separatista para sumarse, mediante un esperpéntico editorial conjunto, al linchamiento, la coacción impresentable y la inadmisible amenaza al Tribunal Constitucional, escudándose en el tradicional victimismo nacionalista. Ataque que, como saben, continua en la actualidad con toda su violencia.

Ayer fue Zapatero y hoy es Pedro Sánchez quienes, por unos miserables votos, les han dado todo el salchichón a repartir a los separatistas catalanes para mantenerse en el gobierno de la nación y le han dejado al resto de España el cordel y la etiqueta del embutido con el que hacer una triste sopa. Siembran de dinero a Cataluña, mientras reparten miseria, desasosiego y crispación a toda España. Un rio de dinero y ventajas económicas y políticas que son respondidas por la irresponsable y paleta clase política catalana tensando la cuerda con su diario ataque a la igualdad, la solidaridad y a la convivencia de todos los españoles. Un ataque que ya otros irresponsables dirigentes catalanes realizaron en 1934 contra la Constitución republicana de 1931, pretendiendo crear un “Estado” catalán de pandereta, que causo muchos muertos. Una clase política desprestigiada y corrupta que vive magníficamente a costa del dinero de todos y que pretenden que el resto de España seamos como los esclavos de una colonia del siglo XVIII a los que vender baratijas, explotar y, encima, humillar. Y todo ello a ciencia y paciencia de Pedro Sánchez. Y es que nada se consigue con estos separatistas bajándose los pantalones. Las políticas de apaciguamiento han sido, digan lo que digan, un gravísimo error. Si alguien no están de acuerdo con la Constitución lo tiene muy fácil: que inste su reforma. En el Titulo X de nuestra Norma Fundamental esta recogido muy claramente el procedimiento para cambiar las reglas de juego. Solo así pueden modificarse las normas de convivencia. Ni las Cortes Generales, ni el Gobierno, ni su presidente, ni el Parlamento catalán, ni los catalanes, ni el F.C. Barcelona son los titulares del poder constituyente de la nación española. La soberanía nacional, dice nuestra Constitución, reside en el pueblo español, en todo, que es, además, único e indivisible. Reformen pues, Sánchez y sus socios la Constitución por el procedimiento establecido. No se burlen de ella. Ese es el único cauce de la reforma. Lo otro, una rotura de las reglas de juego por la espalda, con nocturnidad y alevosía. Un autentico fraude, una estafa y un timo. Sánchez ha culminado el desbarajuste de Zapatero por una ambición personal sin límites. Está jugando con fuego y ciscándose en la Constitución. Y España, no es ninguna mercancía.

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