Opinión

El 1 de octubre

ESA ES LA fecha del aburridísimo referéndum imposible que tiene preparado el gobierno regional catalán y su presidente Puigdemont. El 1 de octubre. Una fecha muy señalada y celebrada por la dictadura del general Francisco Franco que declaró, solemnemente, ese día como Día del Caudillo. Si señor muy acertados. Por fin hay fecha, pues, para celebrar una consulta que no se puede celebrar, porque así lo dice la ley. Pero claro, hablar de la ley en Cataluña y no digamos de su cumplimiento mueve, en el resto de España, a la carcajada más sonora. A los separatistas les importan un rábano las leyes y las sentencias. Como les va a importar si insultan al Jefe del Estado, queman su bandera y abuchean el himno de España sin que les pase absolutamente nada. Así que, adelante con los faroles, las amenazas, el trinque de la pasta y el despilfarro que pagan los españoles que son tontos.

El personal está pensando ya en las vacaciones y aun no se han enterado de que el asalto a la unidad de la Nación, que es un golpe de Estado en toda regla, ya tiene fecha. Se ha mirado mucho para el otro lado, se ha escondido la cabeza debajo del ala y nuestros dirigentes se han cogido tradicionalmente la minga con papel de fumar y, ahora, lo estamos pagando. Ya no valen ni las tibiezas, ni las palmaditas en la espalda, ni los despachos en Barcelona. La cosa se ha puesto muy mal y ha llegado el momento en que no queda más remedio que aplicar la Constitución y el Código Penal. No jugamos el futuro. La cosa esta bien clara y ya no disimulan. El objetivo es la secesión del Estado español. Ya han tomado a pitorreo al Tribunal Constitucional, se han pasado las sentencias del Tribunal supremo por la entrepierna, han hecho befa y mofa del Jefe del Estado, han tomado de coña al Gobierno, al Fiscal General del Estado y al Consejo General del Poder Judicial y, además, han llevado a cabo un referéndum ilegal e insultan a los españoles siempre que pueden. ¿Tiene alguien ya alguna duda de las intenciones de los separatistas?

La mediocridad de la clase política española está en la mente de todos los ciudadanos. No digamos ya su desprestigio más absoluto que se manifiesta en todas las encuestas del CIS. Y en esto los separatistas catalanes son campeones. Solamente unos políticos mezquinos y absolutamente irresponsables e insensatos pueden meter a millones de personas en semejante aventura, ocultando, a sabiendas, las terribles consecuencias políticas, sociales y económicas que les van a causar.

El asunto separatista catalán en un país normal, en un Estado de Derecho en donde funcionen normalmente sus instituciones, no sería más que una ocurrencia de cuatro chalados. Y es que si los separatistas catalanes quieren marcharse, nuestra Constitución no solo no se lo impide sino que, además, le facilita el camino para hacerlo. Un procedimiento muy claro recogido en su Título X, que se refiere a la reforma constitucional. No hacen falta referéndums ilegales. Solo es necesaria la voluntad del pueblo español en donde reside la soberanía nacional. Si, por el contrario, optan por una declaración unilateral de independencia, violentando nuestra Constitución y dando un golpe de Estado, les aplicaran el Código Penal que para eso está, como a cualquier hijo de vecino. Faltaría más.

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