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La tienda

A los afortunados que tuvimos la suerte de encontrarnos con un bachillerato en donde se estudiaba la asignatura de Historia de España de verdad, tenemos bastante claro que nuestra desgraciada guerra civil se terminó hace más de ochenta años. El general Franco está muerto y enterrado y el régimen dictatorial que fabricó se ha convertido, gracias a todos los españoles, en una democracia. Por eso nunca he comprendido las razones de por qué los partidos de la izquierda española, han utilizado y utilizan, machaconamente y hasta el aburrimiento las referencias a la guerra civil. No soy capaz de comprender como en el año 2021 y después de decenas de citas electorales, europeas, nacionales, autonómicas y municipales, aún se utilizan este tipo de argumentos. Ahora mismo, en la comunidad de Madrid, se sigue echando mano de este argumentario funesto y siniestro como recurso electoral, ignorando los graves problemas económicos y sanitarios por los que atraviesan sus habitantes. El paro, la sanidad, la educación y los impuestos son los temas que les preocupan de verdad a los ciudadanos, que no están para que les continúen dando la tabarra con una guerra que termino hace más de ochenta años. Así, los madrileños, por ejemplo, no quieren que le pase lo que le ocurrió a Roció en la comunidad de Andalucía cuando gobernaba el PSOE. El padre de Rocío estuvo trabajando en el campo andaluz desde que tenía 6 años. Y lo hacía recogiendo lo que fuera, algodón, arándanos, sandías, hasta que con el paso del tiempo pudo abrir una pequeñita tienda, de esas que en Andalucía se llaman de los desavíos. Unos minúsculos establecimientos que están abiertos a todas horas, cercanos a tu domicilio y en los que puedes encontrar aquello que se te olvido en la lista del supermercado. El padre de Rocío falleció en el año 2010. Y en aquellos años era consejera de Hacienda la hoy ministra del mismo ramo Marisú Montero. Marisú, había instaurado en Andalucía una brutal presión fiscal, con un impuesto de Sucesiones, también conocido como el impuesto de la muerte, absolutamente salvaje que hizo que en el año 2017 el 19,4% de las renuncias a herencias en España correspondieron a ciudadanos andaluces. Así que a Rocío y su madre, cuando aún estaban recibiendo el pésame de familiares y amigos, les llego una carta de la Hacienda andalusí en la que el gobierno socialista les reclamaba en concepto del impuesto de Sucesiones, nada más y nada menos que 210.000 euros, casi unos 35 millones de las antiguas pesetas. Doscientos mil euros de vellón, por una casita en un humildísimo barrio de Coria del Río, con una minúscula tienda y en un terreno rústico donde, para colmo, no se puede edificar y nadie quiere comprar. Pero eso es igual. La Junta de Andalucía había sobrevalorado de manera escandalosa la herencia de Rocío, que no pudo pagar lo que le reclamaban. Y, claro, al no pagar la deuda ha seguido aumentando hasta llegar a la acojonante cifra de 500.000 euros. Más de 83 millones de pesetas. Rocío y su madre, ni duermen, ni viven. Están embargadas y Rocío no puede tener nada a su nombre. La tratan como a una delincuente. Su delito ha sido tener un padre trabajador que le ha dejado en herencia una tienda. Aquí en Galicia, gracias a Feijóo no tenemos ese problema. Un problema que tampoco quieren tener los madrileños. Y ello les preocupa. La guerra civil, la estudian en los libros de Historia.

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