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Nissan

MAL ASUNTO el cierre de esta empresa. Muy malo. Tan malo que debería llevar a la parte sensata, poca, bien es verdad, del gobierno de Pedro Sánchez a pensar en ese refrán de que cuando veas las barbas del vecino afeitar pon las tuyas a remojo, o como diría mi querido amigo Javier Panero, que me pasaba las traducciones de los duros exámenes de Latín que nos tiraba a la cabeza don Carlos Villar, "barbam propinqui radere, heus, cum videris, prabe lavandos barbula prudens pilos".

O sea, que si los de la Nissan se han pegado el bote dejando a decenas de miles de españoles en el paro, debe el gobierno y su mejor cabeza Nadia Calviño, pensar en el porqué de tan grave asunto y prevenirse. Aunque me da la sensación, como creo que también a la mayoría de los españoles, de que este devastador torpedo en la línea de flotación de la economía española, es una consecuencia muy clara de un cumulo de circunstancias que han puesto en duda la seguridad política, jurídica y económica de España.

El golpe de Estado y los gravísimos incidentes de orden público ocurridos en Cataluña en los últimos años, no son gratis. Y todo ello aderezado por la conformación de un gobierno de la nación extraordinariamente débil y trufado de incompetentes y comunistas que se han hartado de hablar en radios y televisiones, ante el papanatismo tradicional y previo pago de muchos periodistas, de algo tan viejo y tan rancio como la lucha de clases, las nacionalizaciones, el golpismo, la guerra civil, los ataques a la propiedad, escraches, linchamientos públicos, etc.

Antiguallas del pasado siglo, que nos han recordado aquel funesto sistema, al que le cayó el muro de Berlín en la cabeza, que implanto a la fuerza una doctrina social, política y económica donde no existía la propiedad privada, donde todos eran iguales y en donde la industria y los medios de producción estaban en manos de papa Estado que cuidaba de sus hijos, distribuyendo los bienes de manera equitativa con la cartilla de racionamiento.

Y, claro, ante semejante panorama bolchevique, el dinero no fluye, sino que huye a todo trapo buscando seguridad. Y es que a los pequeños y grandes accionistas de Citroën o de Nissan, los políticos les pueden tocar los cojones, de hecho se dejan palparlos, pero lo que no se dejan tocar es el bolsillo. Y, por lo tanto, escapan a otra parte en busca de tranquilidad y de seguridad económica, jurídica y social.

El inversor quiere estabilidad y por ello invierte en aquellos países donde hay un gobierno fuerte y con una agenda económica seria y clara que marque el camino del crecimiento. Y España, desgraciadamente, en estos momentos, está muy lejos de semejantes parámetros.

¿Por qué Nissan ha cerrado las fábricas en Cataluña y mantiene abiertas la de Inglaterra y las de Alemania? ¿Tendrá algo que ver todo lo anterior? ¿Habrá influido que la alcaldesa de Barcelona y su equipo de gobierno lleven años diciendo que hay que terminar con la industria del automóvil? ¿Les habrán gustado a los de Nissan las declaraciones hechas el mes pasado por una tal Janet Sanz, segunda teniente de alcalde del ayuntamiento que mal pastorea Ada Colau, que exigió evitar que la industria automovilística española se reactivara cuando terminara la crisis del coronavirus? ¿Sabrá esta analfabeta que el sector del automóvil emplea a 600.000 personas en España? Ahora todo son lamentos y lloros. Pero ya es tarde, señora Colau.

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