Opinión

Política exterior

n os toman a choteo por todos lados. Nos ningunean nuestros socios y aliados; no nos dirigen la palabra; no nos reciben; no nos llaman ni a cobro revertido como hacia Jordi Pujol cuando llamaba a Aznar a la Moncloa para pedirle dinero; nos ponen a parir y, ahora, los españoles somos para el presidente mexicano, López Obrador, unos explotadores y unos negreros. Ni les cuento como nos tratan los marroquíes y los hijos de Su Graciosa Majestad británica en el Peñón de Gibraltar. Y es que llamarle "política" a la acción exterior que lleva manteniendo el Gobierno de España desde la época de Zapatero es un tanto exagerado. No es política exterior. Es, digámoslo mejor, un conglomerado de ocurrencias y dislates internacionales. Disparates y desatinos que han hecho que España siga siendo el país de Don Quijote por mor del lamentable papel que nuestro gobierno sigue interpretando en el circo internacional. Ya no nos queda ni la 'Leyenda Negra' que tan hábilmente creo Guillermo de Orange contra el todopoderoso Felipe II. Ahora, la leyenda que tenemos, no es ni siquiera negra. Es, desgraciadamente, una leyenda cómica.

Somos un país que ha pasado de ser respetado internacionalmente, con José María Aznar en el gobierno, a ser el choteo de las cancillerías del mundo mundial. Se ríen de nosotros en nuestras propias narices, nos humillan y nos insultan. Y la única respuesta que damos es el triste semblante del socialista Sánchez persiguiendo a paso ligero al presidente estadounidense Biden, que no lo quiere ver ni en pintura. No sé si aún no se han dado cuenta en el Palacio de Santa Cruz que a los americanos no les gustan nada ni los comunistas ni los herederos de los terroristas y Sánchez preside un gobierno trufado de ellos. Nadie nos toma en serio. Y es que de aquellas aguas vienen estos lodos. Zapatero traiciono en plena guerra a uno de nuestros más firmes aliados como son los Estados Unidos, que nos protegen todavía, huyendo con nuestros soldados de Iraq; Nos colocó de mamporreros de los franceses aceptando la Constitución Europea y tirando por la borda una cuota de importantísimo poder que había conseguido Aznar para España y que hemos perdido; además le rendia y le rinde pleitesía al dictador venezolano, que nos insulta y nos humilla; se arruga ante el tiranuelo rey de Marruecos que nos joroba todo cuanto puede y se permite el lujo de conceder explotaciones petrolíferas a compañías extranjeras en aguas españolas; Hemos traicionado al pueblo saharaui cambiando nuestra tradicional política para ponernos a favor de las pretensiones del corrupto marroquí y de paso enemistándonos con Argelia de donde traíamos el ochenta por ciento de la energía que mueve la economía española; Se ha bajado, asimismo, los pantalones ante Inglaterra en el tema de Gibraltar, que llega al esperpento de que la policía inglesa acosa diariamente a la Guardia Civil en aguas españolas. Y así, todo lo que ustedes quieran y más. La última, la del presidente de México que nos echa la culpa de sus males, del narcotráfico, de la corrupción y de los asesinatos de periodistas. A ver si, ahora, va a resultar que son guardias civiles españoles los que te cobran la mordida en un semáforo de Guanajuato. En fin, que se puede ser buen o mal gobernante, pero ante todo el presidente del gobierno de una nación debe de tratar de que esta sea respetada y, jamás, tolerar que unos saltimbanquis plataneros se rían de nosotros.

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