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Reforma y República

Es bien fácil. Y además lo dice la constitución española muy claramente. No hay que ser un Fraga, un Herrero de Miñón, o un Solé Tura. No hace falta ser un experto constitucionalista para leerse el Titulo X de nuestra constitución y saber como hay que iniciar su reforma. Hasta Adriana Lastra, Josu Ternera o el carnicero de Mondragón podrían entenderlo. Inicien, pues, el procedimiento de reforma establecido y dejen de darnos la tabarra con la Republica. No puede ser que estén todos los días insultando al rey y contando las mismas chorradas. Cuenten los muertos del Covid, a ver si logramos enterarnos de cuántos españoles se ha llevado por delante la pandemia, la ineptitud, la facundia y el engaño. Cuenten, cuenten, a ver si sabemos cuántos expertos había en el famoso comité que sigue siendo un arcano en este siglo de la Transparencia del embudo. Y dejen al rey tranquilo de una vez.

Felipe VI, es la nueva fijación de los comunistas. Hace ya unos años aquel bolchevique moderno que se llama Cayo Lara, trato de aprovechar el acto normal en cualquier monarquía parlamentaria de la abdicación de un rey, como escusa para cargarse de plano el sistema constitucional español. Hoy siguen con la matraca Pablo Iglesias y Echeminga, pidiendo para España una República. Imagino que una Republica “popular”. Como aquellas tan modernas del Telón de Acero o la que democráticamente impusieron en la querida y bellísima isla de Cuba los hermanos Castro. Y una República, no nos engañemos, en la que reine “democráticamente”, claro está, su señoría de Galapagar con Echenique de Evita Perón.

Lo de la izquierda comunista en España, es de estudio. Nunca están contentos con nada. No estuvieron contentos con la monarquía constitucional que encarnaba Alfonso XIII , ni con la II Republica que ellos mismos hundieron y destrozaron al poco de nacer, para traer a España un régimen estalinista de checas y terror y, finalmente, tampoco están a gusto con el régimen actual español, una monarquía plenamente parlamentaria, en un Estado social y democrático de derecho con todo lo que ello significa.

Quiere el señor Iglesias una República. Está en su derecho. Un derecho de cambio que ya prevé nuestra Constitución y que regula de manera muy clara y pormenorizada en su Título X. Los tiempos cambian y puede ser que a la ciudadanía española de hoy no le guste la monarquía y quiera otra forma de Estado. Puede ser, aunque dudo mucho que a día de hoy y con los millones de parados que tenemos, el asunto sea una prioridad para los españoles. Un cambio en la forma del Estado es una cosa muy seria. No es ninguna broma y no se puede hacer, como pretende el señor Iglesias, a la venezolana, con algaradas y manifestaciones. El señor Iglesias, si tiene un mínimo de responsabilidad, debe de respetar la Ley. Y, sobre todo, la Constitución de 1978, que es nuestra norma de convivencia. Inicie el señor Iglesias la reforma constitucional. Eso es lo correcto; con luz y taquígrafos. No pretenda hacer cambios fundamentales en nuestras leyes con nocturnidad, por la puerta de atrás y ocultándoselo a los ciudadanos como un vulgar trilero de la madrileña calle Preciados. Déjese el señor Iglesias de algaradas callejeras y de jugar con la bolita y cumpla la ley. Olvídese de Lenin, de Stalin y de los Romanov y póngase a trabajar para sacar a este país adelante, que para eso cobra.

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