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Tomadura de pelo

YA ES cosa acostumbrada y viene de lejos que el personal que dirige esta vieja nación les tome el pelo a sus ciudadanos. Una de las tomaduras de coleta y pelambre habituales, son esas sentencias judiciales, dictadas a medida y según convenga, que nadie comprende y que son producto de cambalaches, manejos y trapicheos vergonzosos entre el ejecutivo y el poder judicial, que arrastran y manchan togas y políticos por el polvo del camino. O por el camino del polvo, según vimos esta semana pasada en el ya famoso Caso Dina, con el señor vicepresidente del Gobierno de España, don Pablo Iglesias, una señorita marroquí, una leguleya de silveira, un fiscal bizcochable y encelado y un juez muy serio e independiente, al que no le gustan estos "ménage a quatre".

Tienen ya en Cataluña preparada la suelta y puesta en libertad de los golpistas catalanes con condenas que van desde los diez meses de multa hasta los 13 años de prisión. Han cumplido un poco más de dos años, no han mostrado arrepentimiento y ya se ha instruido el expediente por sus compañeros del gobierno regional para dejarlos libres con el tercer grado, que les permitirá cumplir su condena en régimen de semilibertad. Es decir, dormir en la cárcel entre semana, y el fin de semana pasarlo en sus casas, como si no hubiera pasado nada y fuese todo una ensoñación y una alucinación de la sociedad española. Una sociedad tonta y de parvulario, y en situación permanente de capitis diminutio, que vio y sufrió un golpe de Estado en toda regla, pero que según sus señorías del Supremo, solo existió en su imaginación pueril y candorosa. Y es que diga lo que diga la famosa sentencia toda España pudo contemplar en directo por la televisión como los golpistas condenados utilizaron la violencia como un instrumento clave para conseguir la independencia, vulnerando el orden constitucional. Una rebelión violenta en toda regla que sus señorías togadas convirtieron en delito de sedición con menos condena que la rebelión y, además, posibilitando que los condenados pudieran obtener el tercer grado penitenciario sin necesidad de que hayan cumplido la mitad de la pena. Otra tomadura de pelo más a la sociedad española. Una más a la que hay que añadir el acercamiento a cárceles del País Vasco de los terroristas etarras que asesinaron al concejal del Partido Popular Alberto Jiménez Becerril y su esposa, Ascensión García, que dejaron huérfanos a tres niños pequeños de cuatro, siete y ocho años de edad. Para el señor Marlaska, ministro del Interior que se comprometió con las asociaciones de víctimas a no dar beneficios a los terroristas condenados por delitos de sangre, este cruel asesinato también debió de ser una ensoñación de la sociedad española y, por lo tanto, hay que pasar página y acercar a sus casas a unos asesinos que jamás han pedido perdón y nunca han colaborado con la justicia para esclarecer los 350 crímenes de la banda aún sin resolver. ¿Qué tiene Pedro Sánchez que pagarle a Otegui? ¿Cómo les mienten a las víctimas del terrorismo? ¿Como se explica esto a los ciudadanos? Después, nuestros dirigentes están preocupados por la desafección social, la perdida de la credibilidad de las instituciones y el descredito absoluto de la actividad política. Y entonces hablan, para la galería, de regeneración democrática, cuando aquí no se cumplen las leyes ni las sentencias, mientras los regeneradores miran para otro lado. ¡Dejen ya de tomarnos el pelo!

Tomadura de pelo
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