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Un gobierno de progreso

ESPAÑA es jauja. Este país, como dicen los progres celtibéricos y demás cursis periodísticos, es el súmmum de la abundancia y de la prosperidad gracias, claro está, a los gobiernos de progreso. Aquí, en España, no hay paro, ni terrorismo, ni desordenes, ni delincuencia, ni inflación, ni déficit comercial, ni aumento del gasto público. Por no haber, no hay ni impuestos. Los bancos no cobran intereses; las pensiones son cuantiosas; los enfermos no esperan en sus consultas ni en los quirófanos y se les atiende, con prontitud, eficacia, calidad, cariño y cortesía. Y, además, los medicamentos, pócimas y ungüentos son gratis.

Aquí en España, trabaja todo dios, incluso hasta en los astilleros, construyendo barcos de todo tipo y condición. Desde pesqueros a buques de guerra, pasando por yates de recreo y petroleros, que nos encargan nuestros países amigos y aliados como Irán, Venezuela, Bolivia y Corea del Norte, demostrando así que nuestra industria naval no tiene parangón en el mundo entero.

En España reina la armonía, la concordia y la solidaridad entre todas las regiones que la integran. Las Comunidades a las que les sobra el agua se la dan, como es lógico, a aquellas que padecen sequía. Las hay muy ricas y menos ricas. Las regiones muy ricas, que lo son gracias a los pobres que trabajan en las menos ricas, ayudan a éstas últimas, de manera voluntaria y admirable y, si hay necesidad, les dan alguna limosna. No hay problemas y sí mucha solidaridad. Y, sobre todo, mucho progreso. 

Aquí en España tiene todo el mundo vivienda, sin necesidad de pagar hipoteca alguna, ya sean solteros o casados, o medio pensionistas. En España, a los jóvenes, nada mas terminar su carrera o sus estudios medios o menores, automáticamente, les vienen a ofrecer trabajo las grandes empresas. Y es que la preparación de nuestra juventud es extraordinaria. No hay más que leer el informe PISA. Así, todos los centros de enseñanza públicos y privados, desde parvulitos hasta la Universidad, están inmersos en las TIC. Los estudiantes antes de ingresar en la Universidad ya hablan perfectamente ingles, con lo cual les es mucho más fácil desplazarse a perfeccionar sus conocimientos por todo el mundo, en especial por los países vecinos de Europa, a los que se trasladan en un periquete en las numerosas líneas férreas de alta velocidad, buenas y baratas, que salen de toda España rumbo al norte, cada dos horas. 

Esta España, ya no es como antes. No es la España de Rajoy, triste y negra. Ahora, es un país feliz. Y, además, lo va a ser mucho más, con el nuevo gobierno de los marqueses podemitas de Galapagar, el de las anchoas, los amantes de Teruel, Torra, los CDR y Otegui, apoyados, todos, por el socialista Pedro Sánchez. Sí señor, España va a ser una nación dichosa. Los culturetas están radiantes y Víctor Manuel ya le está componiendo una canción a Sánchez como aquella que le escribió a Franco y que llevaba por título “Un gran hombre”. Una balada, que lideró, en su día, el hit parade de Los 40 Primordiales. En fin, que todo el mundo está feliz con el gobierno de progreso. Y los Ceauscescu de la sexta, más aun. Estoy deseando ver a la ministra portavoz, Celaá, esa divina mezcla entre Demóstenes, Castelar y don Antonio Maura, para escuchar como lo explica. Tan feliz y tan pancha, ella.

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