Opinión

Un lastre

DICEN LOS consejeros del Tribunal de Cuentas de Madrid, que las sociedades y fundaciones públicas de la Xunta son un lastre para el Tesoro Público galaico porque, según estos señores que ejercen la fiscalización del sector público y el enjuiciamiento de la responsabilidad contable, estos organismos tienen muy poca capacidad para generar recursos y dependen muy mucho de la teta presupuestaria que vigila con lupa el señor Feijoo.

Así, ponen en fila y de cara a la pared a Sogama, Turgalicia, la Crtvg, Sodiga y Xestur, entre otras, de las que dicen que reciben más de la mitad de sus fondos de los presupuestos autonómicos. En especial, se ceban con la telegaita y, advierten, que es el tinglado que pierde más dinero. Los consejeros del tribunal señalan que «los ingresos propios son insuficientes para hacer frente a los gastos totales». Seguramente. la cosa esta muy mal. Y si aquí, con una sola cadena, palman dinero Gayoso y los Tonechos, que no palmarán en Cataluña que tienen siete televisiones.

Estamos en 2017, y parece que ha pasado la crisis. Y el personal ya no se acuerda, cuando apareció en el año 2015, el líder de Ciudadanos, señor Rivera, con la rebarbadora en ristre, planteando abiertamente y con razón la supresión del Senado que, más que una Cámara de segunda lectura, la han convertido en un hogar del pensionista en donde pasan a mejor vida gentes de reconocido prestigio y con más de 15 años de antigüedad en las filas partidarias, siempre prietas. También, decía Rivera, que había que despolitizar el Tribunal Constitucional, fenecido y criando malvas desde aquel bodrio de sentencia en el famoso asunto de Rumasa que acabo con la vida, huido en Venezuela, de su primer presidente, don Manuel García-Pelayo, grandísimo jurista y catedrático de Filosofía del derecho. Proponía, además, la supresión de las diputaciones provinciales y la fusión de los servicios municipales de los ayuntamientos más pequeños. Supresiones, casi todas ellas, con las que está de acuerdo la inmensa mayoría del pueblo español. Sobre todo, con el Senado, las diputaciones, los pequeños ayuntamientos y los chiringuitos autonómicos de toda clase y condición que no sirven para nada.

Aquí, en el terruño tenemos, por ejemplo, el Consello Económico y Social, un organismo que emite dictámenes preceptivos sobre anteproyectos de ley y proyectos de decretos legislativos que regulen materias socioeconómicas directamente «vencelladas» al desenvolvimiento económico y social de Galicia. Hay, también, un Consello Consultivo, que alumbra dictámenes al por mayor, al por menor y al detal, y cuyo presupuesto será de dos o tres millones de euros.

No parece mucho si lo comparamos con la telegaita, pero lo cierto es que, hace un par de años, salía publicado en un diario de Madrid, un estudio elaborado con muy mala leche en el que se decía que las autonomías gastan más de 30 millones al año en sus Consejos Consultivos. Y señalaba que el de Cataluña se gastó 3,64 millones de euros en un año, en el que solo emitieron diez dictámenes, que sumaron 437 páginas escritas. Si hacen ustedes las cuentas, cada página nos costó a los españoles 8.330 euros. Es decir, que los señores del Tribunal de Cuentas, no cuentan nada nuevo; el señor Rivera ya no dice nada pasada la crisis, y el problema sigue y ya lo conoce todo el mundo. Y, por supuesto, también se sabe que no se soluciona con informes.

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