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Un país de ancianos

ESPAÑA, ESTABA CLARO y solo era cuestión de tiempo, está ya en la senda de convertirse en una nación de viejecitos. Y, además, de viejecitos abandonados. Según el Instituto Nacional de Estadística, España perderá 552.245 habitantes en 15 años. Y esa pérdida dentro de 50 años alcanzará los cinco millones de personas. Ni más, ni menos. Un gravísimo problema que se une a los otros muchos que padecemos en esta vieja piel de toro, gracias a los tejes, manejes y trinques al por mayor de una clase dirigente española sorda como una tapia a los problemas más elementales. 

Hace años contaba en esta misma columna un sangrante episodio ocurrido en la ciudad de Barcelona. Allí, en la ciudad Condal, una familia de mangantes abandonó en el medio de la calle, sentada en una silla y con las maletas en el suelo, a su propia abuela que, además, sufría demencia senil. El escándalo ciudadano fue mayúsculo, pero la familia de la anciana se marchó de rositas. Y es que la Audiencia de Barcelona condenó a esta familia, solamente, a pagar una multa de 240 euros por dejar a la abuela tirada en la rue. 

Para los magistrados de la Sala de la Audiencia y su ponente, los doscientos euros de multa eran una sanción aquilatada y justa. Faltaría más. Pero los barceloneses pensaron lo contrario cuando leyeron en los periódicos por esas mismas fechas que el Ayuntamiento de Ciudadela en las Islas Baleares, sancionó con 4.500 euros al propietario de un perro por abandonarlo en la calle. Lo que nos lleva a la clara y palmaria conclusión de que la seguridad, el bienestar y hasta la vida de una pobre anciana vale veinte veces menos que la de un perro, y que toda la problemática que rodea a la tercera edad y a su abandono le resbala a nuestras instituciones, mucho más preocupadas por el maltrato animal. Ahí está el productor José Luis Moreno al que le pudo haber caído hasta un año y medio de prisión y multa a determinar por su señoría, por una denuncia por presunto mal trato a unos canes de su propiedad. 

En España, la ciudadanía es plenamente consciente de la situación de soledad y desamparo por la que atraviesan decenas de miles de ancianos. Aquí, hay muchos millones de personas que han superado los 65 años y de ellas más de un millón no tiene a nadie que las cuide y acompañe en su diaria asistencia. El problema, que se deja notar menos en ciudades pequeñas y zonas rurales, se agrava, claro está, en los grandes núcleos de población. El asunto está al cabo de la calle, pero nadie o muy pocos han movido un dedo para afrontar este gravísimo problema. 

Ahora, que habrá en unos meses otras elecciones generales, es una magnífica ocasión para que nuestros políticos elaboren y presenten un ambicioso plan que prime la natalidad y facilite todo tipo de ayudas, subvenciones y deducciones fiscales para aquellas familias que tengan a su cargo personas mayores y además discapacitadas. Aeropuertos ya hay de sobra. Conocido es que los gobiernos abordan siempre estos temas con una mezquindad y una tacañería escandalosa, pero que no se olviden que es el futuro, el inmediato futuro al que a todos nos espera con los brazos abiertos, y hay que solucionarlo. No vayamos a acabar nuestros días en la Protectora de Animales del pueblo y gracias.

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