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Valientes ciudadanos

Hoy domingo, si Dios quiere, que querrá, unos cuantos millones de ciudadanos en la región catalana ejercerán su derecho al voto con la sana y lógica pretensión de tratar de arreglar la gravísima situación de preguerra civil por la que pasan, aunque muchos no quieran enterarse. En cualquier país del mundo donde esté felizmente asentada la democracia, el día de ir a votar es casi una fiesta de la que participa la ciudadanía en libertad y contenta de cumplir con un fundamental deber ciudadano. decidir y participar en los asuntos públicos y elegir a nuestros representantes libremente es, en suma, la democracia. Pero, desgraciadamente, en Cataluña no ocurre lo mismo, y los separatistas ya han anunciado que habrá lío.

En las provincias catalanas, vistos los últimos acontecimientos, la fecha electoral se ha convertido para la mitad de la población, la que no es separatista, en una arriesgada aventura en la que no se sabe cuál será el final. En Cataluña el que no profesa la ideología del partido único del separatismo, cuando se acerca al colegio electoral lo hace tragando saliva y llevando la papeleta puesta de casa y debidamente escondida. Y es que en una enorme cantidad de colegios electorales, sobre todo en los pequeños pueblos, ya se han anunciado movilizaciones y seguramente faltaran las cabinas en las que uno puede escoger la papeleta que le venga en gana lejos de la mirada de los matones del golpismo catalán.

Ya pasaba esto en el País Vasco, cuando los de Herri Batasuna se dedicaban, impunemente, a colocar papeletas suyas encima de las del Partido Popular o del PSOE, tapándolas, y esperando a ver quién era el valiente guapo que se atrevía a cambiarlas. Nada nuevo pues.

No es de extrañar, por tanto, que muchos ciudadanos, en vez de salir de casa, dar un paseo y aprovechar para votar, como hace cualquier persona en cualquier parte del mundo, hayan preferido trasladarse a la oficina de Correos y después de completar la consabida y engorrosa documentación, ejercitar el voto ante el cartero. Y así no tienen que pasar el mal trago de que los vigilen y los señalen con el dedo como votantes sospechosos y contrarios a la ideología golpista y, por tanto, traidores al terruño que pastorean los Pujol desde hace cuarenta años. Tantos, como los que estuvo mandando Francisco Franco, generalísimo de los Ejércitos y en posesión de la insignia de oro y brillantes del Fútbol Club Barcelona, de la medalla de oro del Palau Blaugrana y de la medalla de oro del 75º Aniversario de tan distinguido club de fútbol, que le entregaron al general ferrolano en el Palacio del Pardo.

En fin, que la jornada de hoy será complicada y, por tanto, no puede hablarse de un voto libre. ¿Qué libertad hay donde te juegas el pellejo si eres candidato y te la juegas, también, si te ven con una papeleta que no sea la de ellos? Miedo, esa es la palabra clave. mucho miedo que invalida cualquier tipo de consulta electoral. Ese miedo del que hablaba el escritor Raúl Guerra Garrido quien, refiriéndose a las Vascongadas, señalaba que cualquier información o análisis que se haga sobre la situación política de allí, es incompleto si no se menciona al miedo. Por eso todos estos ciudadanos que acuden a ejercitar su derecho no votan con alegría, votan con valentía. Esperemos que no pase nada.

Valientes ciudadanos