Opinión

Vuelve la censura

Sí, y aunque parezca increíble en una democracia que se dice avanzada, el gobierno de Sánchez, sus socios comunistas y proetarras, además del señor tan triste que tiene el BNG en el Congreso, consintieron que sus jefes de prensa, pertenecientes, sin duda, a la ONG Periodistas por el Bocadillo, hayan dirigido una carta a la Secretaria General del Congreso de los Diputados, en donde le piden a la presidenta que tome medidas de censura con aquellos periodistas allí acreditados que hacen preguntas inoportunas, inadecuadas o incomodas. Preguntas que puedan poner en un brete al portavoz de turno, dejándolo en evidencia o en ridículo ante todo el mundo. Algo a lo que, dado el altísimo nivel cultural de los políticos allí colocados, ya estamos acostumbrados todos los españoles.

Lo que me gustaría saber es qué medidas va a tomar la presidenta de Las Cortes para cercenar y mutilar la libertad fundamental de los periodistas incomodos. ¿Va a imponer la censura previa y solicitar a estos profesionales de verdad que hagan las preguntas con antelación y así tachar lo que no convenga al ministro portavoz? ¿Le apagaran los micrófonos para que no hablen? Le retiraran sus acreditaciones? En España somos maestros en esto de la censura. Así, en las Cortes de la II República, que pasa por ser para la izquierda celtibérica el régimen por excelencia de las libertades, sus señorías aprobaron la denominada Ley para la Defensa de la Republica de 24 de Octubre de 1932, que no deja lugar a dudas de la arbitrariedad en el tratamiento del derecho de la información cuando en su artículo 1º. 3, establecía que eran actos de agresión a la Republica, entre otros, difundir noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público; toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las instituciones u organismos del Estado; la apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su presentación y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a unos u otras, etc. Además, el ministro de la Gobernación, quedaba facultado para suspender reuniones o manifestaciones, clausurar centros y asociaciones que se consideraran por los delegados especiales que tenían jurisdicción en las provincias. En consecuencia, con arreglo a esta ley republicana y en un solo día fueron suspendidos 114 diarios y catorce revistas por un decreto del ministerio de la Gobernación. Un ejemplo de semejante actuación lo describía una persona tan poco sospechosa como don Salvador de Madariaga que comentaba que "los periódicos fueron suspendidos con la misma autoridad con que lo hubiera hecho Narváez". Hubo un número del "Ideal Gallego", de La Coruña, que se publicó con más de un tercio de sus ocho páginas completamente en blanco, lo que provocó la amenaza de graves sanciones gubernativas. Claro que el régimen del general Franco tampoco se quedó atrás en esto de la censura. Así, la ley de Prensa de Serrano Suñer de abril de 1938, en su artículo 1º, ya establecía que "corresponde al Estado la organización, la vigilancia y el control de la institución nacional de la Prensa periódica", para que no hubiera dudas en el personal. De estos episodios han pasado ya muchos años y por ello, esta carta petitoria de vuelta a la censura es un ataque frontal a uno de los pilares fundamentales de la Democracia que no se puede tolerar. Un ataque firmado por unos meritorios de publicidad y propaganda, nostálgicos de la Agencia de Telégrafos de la Unión Soviética. 

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