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Carola Rackete

Se trata de un hecho con pocos precedentes en las operaciones de rescate de personas inmigrantes en el Mediterráneo Central. Del anonimato ha pasado, con suma autoridad, a convertirse en una de las capitanas de marina más respetadas y admiradas de los últimos tiempos. Con una humanidad inquebrantable, Carola Rackete aseguró que el timón del Sea Watch 3, en sus manos, no seguiría otro rumbo que no fuese el de la Isla de Lampedusa. El principal motivo de su decisión era garantizar el estado de salud y psicológico de cuarenta migrantes que habían sido rescatados hacía varios días de una muerte segura. Con su inflexible postura, defendiendo el derecho a la vida, fue increpada, descalificada, ofendida y denunciada por resistencia o violencia contra nave de guerra, así como también por intento de naufragio al haber chocado contra una patrulla de la Guardia de Finanza durante la operación de atraque en Porto Empedocle. Un escenario fabricado por Matteo Salvini, un indeseable ministro del interior italiano, que empleó todas las energías en orquestar una campaña de desprestigio y criminalización a los profesionales humanitarios. Para tal fin, utilizó todos los mecanismos posibles y motivar así que la justicia ordenase el arresto de Carola Rackete. Un comportamiento y unas acusaciones más que esperadas por quien, a día de hoy, ocupa un puesto de relevancia en el gobierno transalpino que, de nuevo, vuelve a protagonizar un episodio desbordante de injusticia, discriminación, racismo y vulneración de los derechos humanos.

Salvini si algo ha logrado, desde su aterrizaje en el actual cargo púbico, es que pasará a la historia como uno de los pocos ministros europeos que dedicó todos sus esfuerzos a celebrar la muerte y a condenar la vida. Una despiadada política que deja en muy mal lugar la solidaridad de su país. Pero, no así a la justicia. Este caso se suma a otros tantos (casi incontables) en los que la decisión independiente de un juez ha logrado poner cordura a todo un despropósito: encarcelar a quien salva vidas en el mar. Carola Rackete se enfrentaba a una petición de prisión de quince años. Afortunadamente, no fue condenada. Sin embargo, no ha sido la única responsable de la navegación de un barco de rescate que se ha visto en una tesitura similar. En los años de crisis humanitaria que ya sumamos han sido numerosos los procedimientos abiertos y los barcos amarrados a puerto, por orden judicial. Una situación que ha generado que centenares de seres humanos anónimos perdieran su vida en un intento desesperado por llegar a las costas de Europa. Sin duda, eso sí tiene más pinta de ser un verdadero delito penal que el sincero compromiso de mujeres como Carola Rackete que, desde el puente de mando, siguen las coordenadas de los derechos humanos a pesar de la hostilidad que se vive en tierra.

Carola Rackete
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