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¡Desearía estar equivocado!

INSISTIR EN recortar se ha convertido en una lamentable obsesión del actual gobierno que preside Mariano Rajoy. A su llegada al Palacio de la Moncloa la excusa era perfecta: la depresión económica y la deuda pública no concedían otra opción que agarrar, con fuerza y determinación, la tijera del presupuesto y rebajar al máximo las partidas relacionadas con la Educación, Sanidad, Servicios Sociales o Ayuda Oficial al Desarrollo.

Por aquel entonces, los bancos y las cajas se tambaleaban como un castillo de naipes. Se hizo creer que solo era cuestión de un último soplido para que todo se desmoronase. Para agudizar, aún más, una crisis de un capitalismo generoso con unos pocos. Pero, detrás de ese maquillado argumento se escondía una insultante realidad: la nefasta gestión basada en la opulencia y el despilfarro, a todos los niveles, que llevó a no pocas entidades bancarias a pedir SOS al ejecutivo español.

Para ello, los argumentos que se esgrimían apuntaban a un sistema financiero a punto de colisionar con una quiebra sin precedentes; asunto que suscitaría la máxima atención de dirigentes de países europeos que ya, en ese momento, veían inevitable un rescate. Al parecer, esa intervención exterior nunca tendría lugar por unos supuestos reflejos del gobierno conservador a la hora de actuar, en tiempo y forma, antes de que sonase la campana. Si bien, muchos estamos convencidos de que se produjo a medias y no hubo un reconocimiento oficial del hecho.

Entretanto, por el camino, se quedaban tirados en la cuneta numerosos proyectos y una elevada expectativa colectiva que confiaba en que los avances logrados no se detendrían. Desgraciadamente, el frenazo causó numerosas heridas sociales. La política económica se olvidaría de la gratuidad de los libros de texto, de las becas, de los dependientes, de las personas con diversidad funcional, de la lucha contra la pobreza, entre otros contextos. La agónica austeridad lo inundo todo. Las cifras disponibles no daban respuesta a las mínimas necesidades; hasta el punto de provocar una sequía de recursos y una regresión a un oscuro pasado que todavía no hemos sido capaces de abandonar.

Los años han pasado. Y Rajoy sigue al frente del Estado. Los datos de empleo y economía muestran otro color distinto a los escogidos a su llegada. Sin embargo, en la elaboración del nuevo presupuesto (2018), el gobierno pretende incrementar las partidas destinadas a Defensa y vuelve a incurrir en los mismos insultos: aminorar los porcentajes en Sanidad, Educación y Protección Social. Y lo hace sin el más mínimo rubor ante un país que suma ya cerca de 1,4 millones de niños cercados por la pobreza más severa. El hecho ha sido calificado por diferentes ONGs, caso de Save The Children, de "inadmisible y vergonzoso".

Aunque, esta insistencia en lo mismo puede que tenga una explicación y no hayamos caído en la cuenta: los enfermos, los ignorantes y los pobres son gastos que evitan invertir más en crear riqueza solo apta y exclusiva para ricos. ¡Desearía estar equivocado!

¡Desearía estar equivocado!
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